La Mala Pena

La Mala Pena, obra de la autora Begoña García-Alén publicada por la editorial Apa Apa Cómics en 2022, se sitúa en la vanguardia del cómic contemporáneo español. Como experto en el medio, es necesario abordar esta pieza no desde la narrativa convencional de planteamiento, nudo y desenlace, sino desde la exploración del lenguaje secuencial puro y la relación entre el espacio arquitectónico y el estado anímico.

La premisa de la obra nos sitúa ante una protagonista anónima que habita un entorno doméstico y rural. El título, *La Mala Pena*, hace referencia a un sentimiento de pesadumbre estancada, una melancolía que no es aguda ni explosiva, sino sorda y persistente. La historia sigue a esta mujer mientras transita por una casa y sus alrededores, realizando tareas cotidianas que, bajo el prisma de la autora, adquieren una dimensión ritual y simbólica. La narrativa se dispara a partir de un suceso mínimo: la percepción de una presencia o una ausencia que altera la percepción de la realidad física de la protagonista.

Desde un punto de vista técnico, García-Alén prescinde casi por completo del texto. El cómic es una obra silente donde la comunicación con el lector se establece a través de la composición de página y el ritmo visual. La autora utiliza una rejilla (grid) muy definida, a menudo de seis o nueve viñetas por página, lo que le permite controlar el tiempo de lectura de manera milimétrica. Esta estructura rígida refuerza la sensación de encierro y la monotonía que envuelve a la "mala pena".

El estilo gráfico es minimalista y geométrico. García-Alén utiliza una línea clara y uniforme, despojada de sombras o texturas orgánicas complejas. Los espacios están representados con una precisión casi arquitectónica; las habitaciones, los muebles y los objetos cotidianos son tratados con la misma importancia que la figura humana. Esta despersonalización de los elementos busca que el lector se fije en la disposición de los objetos en el espacio y en cómo el movimiento de la protagonista a través de ellos genera una coreografía de la soledad.

Uno de los pilares de *La Mala Pena* es el uso del color. La obra emplea una paleta limitada, generalmente basada en tonos planos que separan claramente los planos y las formas. El color no busca el realismo, sino la creación de una atmósfera específica. Los cambios de tonalidad marcan las transiciones temporales o los cambios en la percepción subjetiva de la protagonista, funcionando como un termómetro emocional de la narración.

La narrativa se apoya fuertemente en la repetición y la variación mínima. Al igual que en la música minimalista, pequeños

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