La Hermandad, escrita por Julio César Iglesias y dibujada por Fran Galán, es una de las propuestas más robustas y visualmente impactantes de la fantasía oscura dentro del panorama del cómic español contemporáneo. Publicada por Planeta Cómic, esta obra se aleja de los tropos convencionales de la épica medieval para sumergirse en un relato de horror gótico y supervivencia, donde la atmósfera de decadencia es tan protagonista como los personajes que la habitan.
La trama se sitúa en un mundo crepuscular, un escenario donde la luz parece haberse rendido ante una oscuridad antigua y voraz. En este contexto, la humanidad sobrevive en los márgenes, asediada por criaturas que no solo buscan su carne, sino la aniquilación de cualquier rastro de esperanza. La narrativa nos presenta a la orden que da nombre al título: una congregación de guerreros y parias vinculados por un juramento inquebrantable. Estos hombres y mujeres no son caballeros de armadura reluciente; son figuras marcadas por el trauma, el pecado y la necesidad de redención, cuya única misión es contener el avance de una entidad o fuerza maligna que amenaza con devorar los últimos vestigios de la civilización.
El guion de Julio César Iglesias destaca por su capacidad para construir un *lore* denso sin recurrir a largas exposiciones de texto. La historia se despliega de manera orgánica, permitiendo que el lector descubra las reglas de este mundo a través de las acciones y los silencios de sus protagonistas. No hay concesiones al heroísmo gratuito. Cada victoria en La Hermandad tiene un coste físico y moral, y la estructura del relato enfatiza la sensación de una lucha desesperada contra un destino inevitable. La trama se centra en una misión específica que obliga a los miembros de la orden a adentrarse en territorios prohibidos, enfrentándose no solo a monstruosidades externas, sino a las tensiones internas y los secretos que cada uno arrastra.
El apartado gráfico de Fran Galán es, sin duda, el pilar que termina de definir la identidad de la obra. Galán utiliza un estilo pictórico, casi visceral, que se aleja de la línea clara para abrazar el claroscuro y las texturas densas. Su uso del color es narrativo: las paletas cromáticas están dominadas por tonos terrosos, grises y rojos profundos, reforzando la sensación de opresión y peligro constante. El diseño de las criaturas es especialmente notable, huyendo de los diseños genéricos para presentar seres que parecen extraídos de pesadillas febriles, con una anatomía distorsionada que evoca un horror corporal muy efectivo. La