La danza del tiempo es una obra fundamental dentro de la trayectoria del autor croata Igor Kordey, un artista cuyo estilo visceral y dinámico ha dejado una huella imborrable tanto en el mercado estadounidense como en la *bande dessinée* europea. Publicada originalmente en tres álbumes por la editorial francesa Delcourt y vinculada temáticamente al universo de *L'Histoire secrète* (La Historia Oculta), esta obra se erige como una pieza de fantasía histórica de una ambición visual y narrativa desbordante.
La trama nos sitúa en la América precolombina del siglo XV, un escenario poco transitado por el noveno arte con este nivel de crudeza y misticismo. La historia arranca en las tierras del Anáhuac, en pleno apogeo del Imperio Azteca, pero lejos de ofrecer una visión romántica o puramente educativa, Kordey nos sumerge en un relato de "fantasía oscura" donde el destino de la humanidad se juega en un tablero cósmico. La premisa central gira en torno a un grupo de personajes heterogéneos —guerreros, chamanes y parias— que se ven envueltos en una huida desesperada y una búsqueda espiritual que trasciende las fronteras de su mundo conocido.
El motor narrativo de la obra es la presencia de los Archontes, seres inmortales que han manipulado la historia de la humanidad desde las sombras mediante el uso de las "Cartas del Destino". En La danza del tiempo, asistimos a un capítulo crucial de este conflicto milenario: el momento en que el equilibrio de poder en el "Nuevo Mundo" está a punto de colapsar, no solo por las tensiones internas entre aztecas y mayas, sino por la inminente llegada de fuerzas externas que cambiarán el curso de la historia para siempre. Los protagonistas deben navegar por un paisaje de sacrificios rituales, profecías apocalípticas y la manifestación física de deidades que resultan ser mucho más tangibles y aterradoras de lo que sugieren los mitos.
Desde el punto de vista técnico, el trabajo de Igor Kordey es el verdadero protagonista. Su dibujo se aleja de la limpieza de la línea clara franco-belga para abrazar un estilo expresionista, abigarrado y profundamente orgánico. Kordey utiliza un trazo nervioso y detallado que captura la brutalidad del entorno: la humedad de la selva, la textura de las pieles, el brillo de la obsidiana y la violencia de los enfrentamientos físicos. Su capacidad para diseñar arquitecturas imposibles y vestimentas ceremoniales dota a la obra de una identidad visual única, donde lo antropológico se funde con lo psicodélico.
La narrativa no es lineal en un sentido convencional; como sugiere el título, el tiempo se presenta como una entidad cíclica y maleable. La estructura de la obra exige una lectura atenta, ya que los