La Danza de la Conquista, obra del autor y artista guatemalteco Luis Fernando de León, se erige como una de las piezas más ambiciosas y visualmente impactantes de la narrativa gráfica contemporánea en Centroamérica. Este cómic no es simplemente una crónica histórica ilustrada; es una reinterpretación visceral y mística de los eventos que definieron el destino del Reino K’iche’ y el inicio de la era colonial en el siglo XVI. La obra utiliza como eje narrativo y estético la tradición folclórica homónima —el Baile de la Conquista—, transformando una representación ceremonial en una narrativa cruda que explora las cicatrices de la identidad cultural.
La trama se sitúa en el año 1524, centrándose en el avance de las huestes españolas lideradas por el capitán Pedro de Alvarado, conocido por los nativos como "Tonatiuh" debido a su temperamento volátil y su cabellera rubia. Frente a él se encuentra la resistencia de los pueblos originarios, personificada en la figura legendaria de Tecún Umán. Sin embargo, el cómic evita los tropos del heroísmo simplista. En su lugar, De León construye una atmósfera de fatalismo y tensión donde el choque de dos mundos no se presenta solo como una batalla de acero contra obsidiana, sino como una colisión de cosmogonías irreconciliables.
Desde el punto de vista estructural, el cómic maneja una dualidad fascinante. Por un lado, seguimos el rigor de la campaña militar: las alianzas estratégicas, las traiciones y el avance implacable de la caballería española a través de la geografía accidentada de Guatemala. Por otro lado, la obra se sumerge en el realismo mágico y la espiritualidad indígena. Los presagios, las visiones de los chamanes y la conexión de los guerreros con sus nahuales (espíritus protectores) elevan el conflicto a una dimensión metafísica. La narrativa sugiere que lo que está en juego no es solo el territorio, sino la permanencia de una forma de entender el universo.
El apartado visual es, sin duda, el pilar fundamental de esta obra. Luis Fernando de León emplea un estilo gráfico que bebe del expresionismo, con un uso magistral del claroscuro que acentúa la brutalidad de la guerra. El dibujo es denso, cargado de texturas que evocan la humedad de la selva, el frío de los altos de Quetzaltenango y la aspereza de las armaduras europeas. Un elemento distintivo es la integración de la estética de las máscaras de madera utilizadas en el baile tradicional. Estas máscaras no son solo accesorios; en el cómic, funcionan como una metáfora visual sobre la representación de la historia y la pérdida de la identidad individual frente al mito colectivo.
La caracterización de los protagonistas huye de las caricaturas. Alvarado es retratado como una fuerza de la naturaleza ambiciosa y despiadada, pero también como un hombre impulsado por una fe y una lealtad que resultan aterradoras en su convicción. Tecún Umán, por su parte, es presentado como un líder sobrepasado por la magnitud de la amenaza, cuya lucha es tanto física como espiritual. El diálogo es parco pero contundente, permitiendo que la narrativa visual cargue con el peso emocional de la tragedia inminente.
"La Danza de la Conquista" también destaca por su capacidad para reflexionar sobre la memoria histórica. Al enmarcar la historia dentro de la tradición del baile, el autor cuestiona cómo los pueblos asimilan el trauma de la derrota y lo transforman en cultura. El cómic no busca ofrecer respuestas definitivas ni consuelos morales; se limita a exponer la violencia del encuentro y la complejidad de los actores involucrados. Es una obra que exige una lectura atenta, donde el lector debe navegar entre la realidad histórica documentada y la verdad emocional de los mitos.
En conclusión, este cómic es una pieza esencial para entender la evolución de la historieta en América Latina. Logra despojarse de la visión eurocéntrica sin caer en el panfleto, ofreciendo una visión descarnada, técnica y profundamente artística de uno de los momentos más oscuros y fundacionales de la historia americana. Es una danza de sombras y luces donde el papel se convierte en el escenario de un conflicto que, siglos después, sigue resonando en la identidad de todo un continente.