La Cosa Nostra, conocida originalmente en el mercado francobelga como *Ce qui est à nous*, es una de las obras más ambiciosas y rigurosas que se han realizado en el noveno arte sobre el fenómeno del crimen organizado en Estados Unidos. Escrita por David Chauvel y dibujada por Erwan Le Saëc, esta serie se aleja de la romantización cinematográfica habitual para ofrecer una crónica pormenorizada, casi documental, del ascenso y consolidación de la mafia italoamericana durante la primera mitad del siglo XX.
La narrativa se estructura como un vasto fresco histórico que abarca desde finales de la década de 1910 hasta mediados de los años 50. El eje central de la trama no es un solo individuo, sino la evolución de una estructura criminal que pasó de ser una amalgama de bandas callejeras desorganizadas a convertirse en un "Sindicato" con tintes corporativos que llegó a influir en las esferas más altas de la política y la economía estadounidense.
El punto de partida se sitúa en el Nueva York de la Prohibición, un escenario donde la Ley Seca actúa como el catalizador definitivo para el enriquecimiento de las facciones criminales. A través de sus páginas, asistimos al relevo generacional que definió el destino del hampa: la caída de los "Mustache Petes" —los viejos capos sicilianos anclados en códigos de honor arcaicos y vendettas personales— y el ascenso de los "Young Turks". Este nuevo grupo, liderado por figuras como Salvatore Lucania (más conocido como Lucky Luciano), comprendió que el futuro del crimen no residía en la guerra constante, sino en la cooperación y la eficiencia empresarial.
Chauvel realiza un trabajo de documentación exhaustivo, integrando con precisión a personajes históricos reales. La obra explora la compleja relación entre Luciano y sus aliados más cercanos, como el cerebro financiero Meyer Lansky y el ejecutor Frank Costello. La sinopsis nos sitúa en medio de la sangrienta Guerra de los Castellammarenses, el conflicto fratricida entre Joe Masseria y Salvatore Maranzano que fragmentó el submundo de Nueva York y que sirve como clímax para la primera etapa de la serie. A partir de ahí, el cómic detalla la creación de "La Comisión", el órgano de gobierno que buscaba regular las disputas entre las familias mafiosas y maximizar los beneficios.
En el apartado visual, Erwan Le Saëc opta por un estilo realista y sobrio que refuerza el tono de veracidad de la obra. Su dibujo no busca el espectáculo gratuito ni la acción desenfrenada; en su lugar, se centra en la ambientación de época, el diseño de vestuario y la fisonomía de los protagonistas. La narrativa visual es pausada, dando mucha importancia a los diálogos en despachos, las reuniones clandestinas y la tensión psicológica que precede a los estallidos de violencia. El uso de las sombras y una paleta de colores que evoluciona con las décadas ayudan a sumergir al lector en la atmósfera opresiva y ambiciosa de la época.
Uno de los mayores logros de La Cosa Nostra es su capacidad para explicar conceptos complejos de la historia criminal —como la estructura de las familias, el sistema de apuestas, la infiltración en sindicatos laborales y la conexión con el mundo del espectáculo— sin perder el ritmo narrativo. El cómic no solo narra crímenes; narra la construcción de un imperio en la sombra que creció en paralelo al desarrollo de la nación americana.
En resumen, esta obra es una pieza fundamental para los entusiastas del género *noir* y de la historia contemporánea. Evita los clichés del género para centrarse en la logística, la traición y la visión de unos hombres que decidieron que el crimen era, por encima de todo, un negocio. Es un relato sobre el poder, la pérdida de la identidad cultural en favor del pragmatismo económico y la cara más oscura del sueño americano, todo ello plasmado con una fidelidad histórica que pocos medios han logrado alcanzar con tanta sobriedad.