La Banda Bombice

La Banda Bombice (originalmente *Le Gang des Bombyce*) es una de las obras más sofisticadas y visualmente impactantes del panorama de la *bande dessinée* franco-belga contemporánea. Escrita por Éric Corbeyran y dibujada con una minuciosidad obsesiva por Cécil, esta trilogía (compuesta por los álbumes *Ouvrez l'œil*, *La Mort de l'un* y *La Bombe*) se sitúa en la intersección perfecta entre el *steampunk*, el género negro y el drama social de principios del siglo XX.

La historia nos traslada a una versión alternativa y anacrónica de la Francia de la Belle Époque. En este escenario, la estética de finales del siglo XIX se fusiona con una tecnología mecánica avanzada, donde los engranajes, el vapor y los autómatas forman parte del paisaje cotidiano. En este mundo de contrastes brutales entre la opulencia de la aristocracia y la miseria de los barrios bajos, conocemos a los protagonistas: Eustache y Mouche.

Eustache y Mouche son dos ladrones de guante blanco, expertos en la apertura de cajas fuertes y en la infiltración en las mansiones más inexpugnables de la ciudad. Eustache es el veterano, el cerebro metódico y calculador que diseña los planes; Mouche es el joven acróbata, dotado de una agilidad prodigiosa y una lealtad inquebrantable hacia su mentor. Juntos forman la "Banda Bombice", un nombre que evoca tanto la delicadeza de la seda como la naturaleza efímera de las polillas que se sienten atraídas por la luz, solo para terminar quemadas.

El conflicto central se dispara cuando, durante un robo aparentemente rutinario en la mansión de un acaudalado coleccionista, la pareja se hace con un botín que no esperaban. En lugar de joyas o dinero, encuentran una bobina de película cinematográfica. Al proyectarla, descubren que contiene imágenes de una "snuff movie": un asesinato real filmado para el deleite sádico de una élite corrupta. Este hallazgo transforma un simple caso de robo en una huida desesperada por la supervivencia. La Banda Bombice deja de ser el cazador para convertirse en la presa de una organización clandestina y poderosa que no puede permitir que ese material salga a la luz.

Lo que diferencia a esta obra de otros relatos de intriga es su atmósfera. Corbeyran construye una trama de suspense que profundiza en la perversión humana y el voyerismo, utilizando el cine —una tecnología emergente en la época— como un elemento de horror y control social. La narrativa no se queda en la superficie de la aventura, sino que explora la pérdida de la inocencia y la podredumbre moral que se esconde tras las fachadas de mármol de la alta sociedad.

El apartado gráfico de Cécil es, sin lugar a dudas, el pilar fundamental de la obra. Su estilo se caracteriza por un detallismo extremo y un uso magistral del color, dominado por tonos sepia, ocres y grises que refuerzan la sensación de estar ante una fotografía antigua o un daguerrotipo que ha cobrado vida. Cada viñeta está cargada de texturas: el metal oxidado de las máquinas, el terciopelo de los salones y el hollín de las chimeneas industriales. El diseño de producción de la obra es impecable, desde la arquitectura de la ciudad hasta los complejos mecanismos de las cajas fuertes que Eustache debe manipular.

A medida que la trama avanza, la relación entre Eustache y Mouche se pone a prueba. La obra evita los clichés del género para ofrecer un retrato psicológico más complejo, donde el pasado de los personajes y sus motivaciones personales pesan tanto como la persecución en la que están inmersos. La Banda Bombice es, en última instancia, una reflexión sobre la mirada: quién mira, qué se oculta y el precio que se paga por ver aquello que debería permanecer en las sombras.

En resumen, *La Banda Bombice* es un cómic imprescindible para los amantes del género negro con tintes fantásticos. Es una obra que exige una lectura pausada para apreciar la densidad de su dibujo y la solidez de un guion que cierra de forma magistral, dejando en el lector una sensación de melancolía y fascinación por un mundo tan hermoso como cruel.

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