Kronan, obra del autor barcelonés Jaime Martín, representa uno de los hitos más crudos y representativos del cómic de ciencia ficción post-apocalíptica producido en España a finales de la década de los 80. Publicada originalmente de forma serializada en la mítica revista *El Víbora* y posteriormente recopilada por Ediciones La Cúpula, esta obra se aleja de los heroísmos épicos para sumergirse en una narrativa de supervivencia urbana, suciedad y desencanto.
La historia se sitúa en un futuro indeterminado, tras un colapso civilizatorio que ha dejado al mundo —y específicamente a una Barcelona irreconocible— sumido en el caos. El escenario no es el de un desierto infinito al estilo *Mad Max*, sino el de una metrópolis en descomposición, un laberinto de hormigón, hierro oxidado y alcantarillas donde la tecnología punta convive con la barbarie más absoluta. En este entorno, la ley del más fuerte es la única norma vigente y la vida humana carece de valor frente a recursos básicos como el alimento, las armas o las drogas.
El protagonista, que da nombre al cómic, es Kronan, un superviviente nato. Lejos de ser un paladín de la justicia, Kronan es un antihéroe definido por su pragmatismo y su capacidad para la violencia. Es un hombre de pocas palabras, curtido por la hostilidad de un entorno que no perdona errores. Su motivación no es la redención ni la reconstrucción de la sociedad, sino la mera persistencia en un mundo que parece empeñado en devorar a sus habitantes. A través de sus ojos, el lector recorre los estratos más bajos de esta nueva jerarquía social, desde los suburbios controlados por bandas criminales hasta las zonas donde la mutación y la enfermedad han alterado la esencia misma de lo humano.
Narrativamente, Jaime Martín construye un relato episódico que, sin embargo, mantiene una cohesión temática férrea. La trama avanza a través de enfrentamientos territoriales, traiciones y la búsqueda de objetos de valor en las ruinas del "viejo mundo". El autor utiliza a Kronan como un vehículo para explorar la deshumanización. En este universo, la empatía es una debilidad que se paga con la muerte. Las interacciones entre personajes están marcadas por la desconfianza y la necesidad, reflejando una visión pesimista de la naturaleza humana cuando se ve despojada de las estructuras de control social.
El apartado visual es, sin duda, el pilar fundamental de la obra. Jaime Martín despliega un estilo detallista y asfixiante, heredero de la línea clara pero profundamente influenciado por el realismo sucio y el *underground* europeo. El uso de las sombras y el entintado es magistral, logrando transmitir una sensación de humedad, frío y podredumbre que traspasa el papel. La arquitectura de la Barcelona post-apocalíptica está recreada con una precisión que resulta inquietante para el lector familiarizado con la geografía de la ciudad, transformando lugares reconocibles en pesadillas industriales. El diseño de personajes, con sus vestimentas compuestas por retales y protecciones improvisadas, refuerza la estética *cyberpunk* decadente que permea toda la obra.
Otro aspecto relevante es el contexto sociopolítico en el que nació el cómic. *Kronan* es hijo de la España de la "movida" y el desencanto posterior, una época donde el cómic adulto buscaba romper con los tabúes y reflejar las ansiedades de una juventud que veía el futuro con escepticismo. La violencia en la obra no es gratuita, sino que funciona como un reflejo de la hostilidad urbana y la alienación.
En resumen, *Kronan* es una pieza esencial para entender la evolución del cómic de autor en España. Es una obra que rechaza las concesiones comerciales para ofrecer una visión honesta, aunque brutal, de un mañana posible. Para el lector contemporáneo, supone un viaje a una forma de hacer cómic donde la atmósfera y la crudeza visual priman sobre la exposición narrativa tradicional, consolidando a Jaime Martín como uno de los narradores visuales más potentes de su generación. Es, en definitiva, un retrato visceral de la resistencia humana en medio de las cenizas de la modernidad.