Kingor

Kingor, la obra cumbre de Vicent Llobell Bisbal, más conocido como Sento, representa uno de los hitos más fascinantes y estéticamente depurados del cómic español de la década de los ochenta. Publicado originalmente en 1983 por Ediciones Arrebato, este álbum se erige como el estandarte de la denominada "Nueva Escuela Valenciana", un movimiento que revolucionó el panorama nacional al abrazar la vanguardia, el diseño y una relectura sofisticada de la "línea clara" europea.

La narrativa de *Kingor* nos sumerge en un universo que parece suspendido entre el sueño, la aventura clásica de corte colonial y el retrofuturismo más elegante. El protagonista, Kingor, es un aventurero de porte aristocrático y serenidad imperturbable que se desplaza por escenarios exóticos que desafían la lógica geográfica convencional. No estamos ante un héroe de acción al uso, sino ante un observador y catalizador de eventos en un mundo donde la arquitectura, el vestuario y el paisaje tienen tanto peso narrativo como el diálogo o la trama misma.

La sinopsis nos sitúa en una expedición constante. Kingor recorre territorios que evocan una África o una Asia reimaginadas a través del prisma del *Art Déco* y el diseño industrial de mediados del siglo XX. Acompañado por personajes secundarios que aportan un contrapunto de humanidad y, en ocasiones, un humor sutil, el protagonista se enfrenta a enigmas que no siempre requieren de la fuerza bruta para ser resueltos. La trama se despliega de forma episódica pero cohesionada, donde el misterio de lo desconocido y la fascinación por el "otro" —ya sean civilizaciones perdidas, tribus con costumbres incomprensibles o fenómenos inexplicables— actúan como el motor principal de la historia.

Lo que define a *Kingor* y lo separa de sus contemporáneos es su asombrosa puesta en escena. Sento utiliza la página no solo para contar una historia, sino para construir un objeto de diseño. Cada viñeta es una lección de composición geométrica. El autor prescinde del barroquismo y de las sombras densas para apostar por una limpieza absoluta en el trazo. Los colores no son meramente decorativos; son planos, vibrantes y seleccionados con una sensibilidad casi arquitectónica, creando atmósferas que oscilan entre la calidez del desierto y la frialdad tecnológica de instalaciones ocultas.

El cómic evita los tropos del realismo sucio que imperaba en otras publicaciones de la época (como las de la revista *El Víbora*) para alinearse más con la estética de la revista *Cairo*. En *Kingor*, la aventura es una excusa para la exploración estética. El lector acompaña al protagonista a través de selvas geométricas, ciudades de líneas puras y desiertos donde el horizonte parece trazado con tiralíneas. La sensación de maravilla es constante, no por la espectacularidad de las explosiones, sino por la belleza de lo hallado: un ídolo antiguo, un vehículo de diseño imposible o la arquitectura de un templo olvidado.

Sin entrar en detalles que arruinen la experiencia de lectura, cabe destacar que el guion de Sento juega con la elipsis y la sugerencia. No todo se explica de manera expositiva; gran parte del trasfondo del mundo de Kingor se deduce a través de los detalles visuales y de la interacción natural de los personajes con su entorno. Es un cómic que exige una lectura activa y pausada, donde el placer visual es indisociable del avance de la trama.

En conclusión, *Kingor* es una pieza fundamental para entender la evolución del noveno arte en España. Es una obra que destila elegancia, modernidad y un amor profundo por la aventura clásica, pero pasada por el tamiz de la modernidad europea. Para el lector contemporáneo, acercarse a *Kingor* es descubrir un ejercicio de estilo impecable que demuestra que el cómic puede ser, simultáneamente, un entretenimiento de evasión y una pieza de arte gráfico de primer orden. Es, en esencia, el viaje de un hombre elegante a

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