Killer

Le Tueur (conocido en español como *Killer* o *El Asesino*), creada por el guionista Matz (Alexis Nolent) y el dibujante Luc Jacamon, es una de las obras fundamentales del cómic europeo contemporáneo y un referente ineludible del género *neo-noir*. Publicada originalmente por la editorial belga Casterman a partir de 1998, la serie se aleja de los tropos habituales del cine de acción para sumergirse en una exploración psicológica y técnica de la profesión de asesino a sueldo.

La premisa de la obra se centra en un protagonista sin nombre, un hombre que ha convertido el asesinato en una disciplina técnica, despojada de cualquier carga emocional o moral. A diferencia de otros personajes del género, el protagonista de *Killer* no es un antihéroe en busca de redención ni un psicópata que disfruta con el sufrimiento ajeno. Es, ante todo, un profesional meticuloso que ve su trabajo como una extensión lógica de un sistema capitalista cínico y despiadado. Para él, matar es una transacción comercial, una función necesaria en el engranaje de la sociedad moderna.

El núcleo narrativo de la obra no reside únicamente en la ejecución de los contratos, sino en el monólogo interno del protagonista. A través de extensos cuadros de texto, el lector accede a la psique de un hombre que pasa gran parte de su tiempo esperando. La espera es, de hecho, uno de los temas centrales del cómic: las horas, días o semanas que el asesino debe pasar en soledad, observando a su objetivo a través de la mira de un rifle o desde un apartamento alquilado. Durante estos periodos de inactividad, el protagonista desarrolla una filosofía nihilista y misantrópica, reflexionando sobre la política global, la hipocresía de la civilización y la insignificancia de la vida humana en un universo indiferente.

El primer arco argumental establece el tono de la serie cuando un encargo aparentemente rutinario en París se complica. Por primera vez en su carrera, el asesino experimenta una grieta en su armadura de profesionalismo: la duda y la paranoia. Lo que comienza como una vigilancia estándar se transforma en una huida geopolítica que lo lleva desde las calles de Francia hasta los paisajes de Sudamérica, obligándolo a cuestionar su propia regla de oro: no involucrarse nunca personalmente.

Visualmente, el trabajo de Luc Jacamon es revolucionario para el género. Su estilo evoluciona a lo largo de los álbumes, pasando de una línea clara más tradicional a un uso sofisticado de la composición y el color. Jacamon utiliza la paleta cromática no solo para describir el entorno —desde la frialdad urbana de Europa hasta la calidez saturada de los trópicos— sino para transmitir el estado mental del protagonista. El dibujo logra equilibrar el realismo técnico de las armas y la logística del crimen con secuencias casi oníricas o abstractas que ilustran los pensamientos del asesino. El diseño de las páginas, a menudo fragmentado y cinematográfico, refuerza la sensación de vigilancia constante y fragmentación de la identidad.

*Killer* destaca también por su realismo procedimental. Matz se documentó profundamente para evitar los clichés de Hollywood; aquí no hay tiroteos coreografiados ni explosiones innecesarias. El cómic detalla la logística mundana del crimen: la obtención de documentos falsos, la gestión del dinero en paraísos fiscales, la elección del calibre adecuado y, sobre todo, la importancia de la invisibilidad. El protagonista sobrevive porque es capaz de mezclarse con la multitud, de ser un hombre mediocre y corriente a ojos de los demás.

En resumen, *Killer* es un estudio de personaje profundo disfrazado de *thriller* de espionaje. Es una obra que desafía al lector al obligarlo a empatizar, o al menos a entender, la lógica de un hombre que vive fuera de la ley y la moral convencional. A través de su estructura episódica y sus ciclos narrativos, la serie disecciona la soledad del individuo en el siglo XXI y la brutalidad inherente a las estructuras de poder mundiales, consolidándose como una pieza maestra del noveno arte que trasciende las fronteras del género criminal.

Deja un comentario