Jurassic Park

Adentrarse en las páginas del cómic de Jurassic Park es realizar un viaje de regreso a una era donde la ambición humana y la ciencia de vanguardia colisionaron con la fuerza bruta de la prehistoria. Aunque la mayoría del mundo conoce esta historia a través de la lente de Steven Spielberg o las páginas de la novela de Michael Crichton, el mundo del noveno arte ofrece una perspectiva única, vibrante y, en muchos sentidos, más cruda de este ecosistema perdido.

Publicado originalmente por Topps Comics a principios de los años 90 (coincidiendo con el estreno de la película en 1993), el cómic de *Jurassic Park* no se limitó a ser una simple traslación de fotogramas a viñetas. Bajo la batuta de leyendas de la industria como el guionista Walter Simonson y el dibujante Gil Kane, la adaptación inicial de cuatro números logró capturar la majestuosidad y el terror de la Isla Nublar con una estética que recordaba a las grandes aventuras de la Edad de Plata del cómic, pero con la sensibilidad moderna del *techno-thriller*.

La premisa nos sitúa en la remota Isla Nublar, frente a las costas de Costa Rica. Allí, el excéntrico multimillonario John Hammond, director de la corporación InGen, ha logrado lo impensable: extraer ADN de dinosaurio de mosquitos fosilizados en ámbar para clonar especies extintas hace sesenta y cinco millones de años. Su objetivo es abrir un parque de atracciones biológicas sin precedentes. Sin embargo, antes de la inauguración oficial, Hammond invita a un grupo de expertos —el paleontólogo Alan Grant, la paleobotánica Ellie Sattler y el matemático Ian Malcolm— junto con sus dos nietos, para certificar la seguridad del recinto.

Lo que comienza como una maravilla visual y científica pronto se transforma en una pesadilla de supervivencia. El cómic utiliza el lenguaje visual para enfatizar la escala de las criaturas; los dibujos de Gil Kane dotan al Tyrannosaurus Rex y a los Velociraptores de una musculatura y una ferocidad que saltan de la página. A diferencia del cine, donde los efectos especiales a veces suavizan la violencia, el cómic se permite explorar la tensión y el horror de ser acechado por depredadores alfa en un entorno donde la tecnología —la supuesta red de seguridad del hombre— falla estrepitosamente.

Uno de los mayores atractivos de esta versión en cómic es su capacidad para rescatar elementos de la novela original de Crichton que quedaron fuera de la gran pantalla. El ritmo narrativo permite profundizar en las advertencias filosóficas de Ian Malcolm sobre la Teoría del Caos y la arrogancia de creer que la naturaleza puede ser domesticada mediante vallas eléctricas y sistemas informáticos. La narrativa visual nos sumerge en una atmósfera de claustrofobia tropical, donde cada crujido en la maleza puede significar el fin.

Pero el legado de *Jurassic Park* en el cómic no termina con la adaptación de la primera película. Topps Comics, y años más tarde editoriales como IDW Publishing, expandieron este universo con historias originales que exploran qué sucedió después del desastre inicial. Series como *Jurassic Park: Raptor* o *Jurassic Park: Redemption* llevan al lector más allá de la isla, examinando las consecuencias globales de la desextinción, el espionaje corporativo y la lucha constante de los protagonistas por evitar que estas criaturas se conviertan en armas biológicas o simples mercancías.

En estas páginas, el lector encontrará un equilibrio perfecto entre la maravilla de la ciencia ficción y el pulso acelerado del género de supervivencia. Los artistas que han pasado por la franquicia han sabido mantener la iconografía clásica (el logotipo del esqueleto, los jeeps amarillos y rojos), pero aportando una paleta de colores y un dinamismo que solo el medio del cómic puede ofrecer.

En conclusión, el cómic de *Jurassic Park* es una pieza esencial para cualquier entusiasta de la franquicia. No solo sirve como un recordatorio visual del poder de los dinosaurios, sino que expande el lore de InGen y profundiza en la psicología de unos personajes que se ven obligados a cuestionar su lugar en la cadena alimenticia. Es una obra que nos recuerda que, aunque el hombre pueda jugar a ser Dios, la vida, como bien dice el Dr. Malcolm, siempre se abre camino, y en las viñetas, lo hace con una fuerza espectacular.

Deja un comentario