Dentro del vasto y rico panorama de la historieta española, pocas parejas han logrado cristalizar de manera tan perfecta la esencia de la aventura bélica y la camaradería como la formada por Johnny Comando y Gorila. Creada por el magistral dibujante Eugenio Giner a finales de la década de los 50, esta serie se convirtió rápidamente en el buque insignia de la mítica cabecera *Hazañas Bélicas*, publicada originalmente por la editorial Boixher y más tarde por Ediciones B. Como experto en el noveno arte, es un placer desglosar los elementos que convierten a esta obra en un clásico imperecedero del "tebeo" de acción.
La premisa de la serie nos traslada al corazón de la Segunda Guerra Mundial, situándonos principalmente en el frente del Pacífico, aunque sus misiones los llevan a recorrer diversos escenarios del conflicto global. La narrativa se articula en torno a dos soldados del ejército de los Estados Unidos que, a pesar de pertenecer a mundos opuestos en cuanto a temperamento y físico, forman una unidad de combate infalible.
Johnny Comando, cuyo nombre real es Johnny West, representa el ideal del héroe clásico de la época. Es un oficial (generalmente identificado como teniente o capitán según la etapa) apuesto, atlético, inteligente y dotado de una capacidad estratégica asombrosa. Johnny es el cerebro de la operación, el hombre capaz de mantener la sangre fría bajo el fuego de las ametralladoras japonesas o alemanas y de diseñar planes de infiltración imposibles. Su carisma no solo guía a su compañero, sino que sirve como brújula moral en el caos de la guerra.
En el extremo opuesto, pero complementándolo a la perfección, encontramos a Gorila. Su verdadero nombre es Bill Cook, pero su apodo lo dice todo: es una fuerza de la naturaleza. De constitución hercúlea, mandíbula prominente y una fuerza física que raya en lo sobrehumano, Gorila es el músculo del dúo. Aunque a menudo se le presenta como un personaje rudo, algo torpe en sus modales y con una propensión casi cómica a meterse en líos por su impulsividad, posee un corazón de oro y una lealtad inquebrantable hacia Johnny. Gorila es el encargado de abrir brecha a puñetazo limpio cuando las balas se agotan, convirtiéndose en el alivio cómico y, a la vez, en el protector más feroz de su superior.
La dinámica entre ambos es el motor que eleva este cómic por encima de otras publicaciones bélicas de la época. No se trata solo de una sucesión de batallas; es una exploración de la amistad en condiciones extremas. La relación "cerebro-músculo" permite que las historias alternen entre el suspense del espionaje, la acción frenética de las trincheras y momentos de humor ligero que humanizan a los protagonistas.
Visualmente, el trabajo de Eugenio Giner es una lección de narrativa gráfica. Su estilo se caracteriza por un dibujo dinámico, con un uso magistral del claroscuro que dota a las escenas nocturnas de una atmósfera opresiva y cinematográfica. Giner lograba imprimir una sensación de movimiento constante; los golpes de Gorila parecen traspasar el papel y las explosiones tienen una fuerza visual que cautivó a generaciones de lectores. Además, el detallismo en los uniformes, armamento y vehículos militares demuestra una labor de documentación rigurosa que aportaba verosimilitud a las tramas.
Sin entrar en detalles que arruinen la experiencia de lectura, las misiones de Johnny Comando y Gorila suelen seguir un patrón de "misión imposible". Son enviados a rescatar prisioneros en islas fortificadas, sabotear instalaciones secretas del Eje o servir de avanzadilla en desembarcos suicidas. Lo que hace que cada entrega sea fresca es la inventiva de los guiones, que saben poner a los héroes en situaciones límite donde la fuerza bruta de Gorila no es suficiente o donde la astucia de Johnny necesita un respaldo físico contundente.
En conclusión, *Johnny Comando y Gorila* es mucho más que un cómic de guerra; es un testimonio de una era dorada de la historieta española. Logró capturar la imaginación de un público que buscaba evasión y heroísmo, ofreciendo historias autoconclusivas o serializadas con un ritmo endiablado. Para cualquier coleccionista o amante del género, redescubrir las peripecias de este dúo es volver a las raíces de la aventura pura, donde el valor y la amistad son las armas más poderosas contra cualquier adversidad. Es, sin duda, una pieza fundamental para entender la evolución del cómic de acción en nuestro idioma.