*Jim Cutlass* representa una de las cumbres del cómic franco-belga de temática histórica, situándose como una obra fundamental para entender la evolución del género del western hacia terrenos más adultos, políticos y sombríos. Creada originalmente por el guionista Jean-Michel Charlier y el dibujante Jean Giraud (Moebius), la serie nació bajo la sombra de su obra más célebre, *Blueberry*, pero pronto logró forjar una identidad propia y diferenciada, explorando las heridas abiertas de los Estados Unidos tras la Guerra de Secesión.
La trama se sitúa en el periodo de la Reconstrucción, un marco temporal poco habitual en el cómic europeo de la época. El protagonista, Jim Cutlass, es un antiguo oficial del ejército de la Unión, de origen sureño y carácter impetuoso, que al finalizar la contienda hereda una plantación de algodón en su Mississippi natal. Este punto de partida sirve para articular un relato que se aleja de los clichés del pistolero errante para centrarse en la complejidad de la propiedad de la tierra, la economía de posguerra y, fundamentalmente, el conflicto racial.
A diferencia de otros héroes del género, Cutlass es un hombre atrapado entre dos mundos. Como oficial del Norte, cree en la abolición y en la justicia social, pero como heredero de una plantación, debe enfrentarse a una aristocracia sureña que se resiste a aceptar la derrota y la pérdida de sus privilegios. La narrativa no elude la crudeza de la época: la aparición del Ku Klux Klan, la corrupción de las autoridades locales y la violencia sistemática contra la población negra liberada son los pilares sobre los que se asienta el conflicto.
La serie vivió una transformación significativa tras el fallecimiento de Charlier. Jean Giraud asumió las tareas de guionista, delegando el dibujo en Christian Rossi. Bajo esta nueva etapa, *Jim Cutlass* abandonó el realismo histórico estricto y la aventura política clásica para adentrarse en el "Southern Gothic" (gótico sureño). La trama comenzó a incorporar elementos de realismo mágico, vudú y una atmósfera mística vinculada a los pantanos de Luisiana. Esta evolución dotó a la obra de una profundidad psicológica y sensorial única, donde el calor sofocante, la humedad y lo sobrenatural se convierten en personajes adicionales.
El dibujo de Christian Rossi es, en este sentido, magistral. Rossi logra recoger el testigo de Giraud, manteniendo el nivel de detalle y la fuerza narrativa, pero aportando una fluidez y un uso del color que enfatizan la atmósfera opresiva del Sur profundo. Sus composiciones capturan tanto la escala épica de los paisajes como la tensión íntima de los rostros, logrando que el lector sienta la decadencia de las mansiones coloniales y el peligro acechante en la espesura del bayou.
Jim Cutlass, como personaje, destaca por su vulnerabilidad. Es un hombre pelirrojo, a menudo desaliñado y propenso a tomar decisiones impulsivas que lo llevan al borde del desastre. Su relación con su prima Carolyn, copropietaria de la plantación y mujer de fuerte