Jim Alegrias

Jim Alegrías: La anatomía del vacío y la supervivencia

Dentro del panorama del cómic contemporáneo español, pocas obras logran ser tan viscerales, honestas y, paradójicamente, desconcertantes como *Jim Alegrías*. Escrita y dibujada por Felipe Almendros y publicada bajo el prestigioso sello Reservoir Books, esta novela gráfica no es solo un ejercicio de narrativa secuencial; es un exorcismo personal que utiliza el lenguaje del noveno arte para explorar los rincones más oscuros de la psique humana y la fragilidad de los lazos familiares.

La obra se sitúa en la vanguardia de la autoficción, un género que Almendros domina con una crudeza que a menudo incomoda, pero que resulta imposible de ignorar. El protagonista, que da nombre al título, es un trasunto del propio autor, un joven que navega por una existencia marcada por la apatía, la precariedad y una desconexión emocional que parece insalvable. El nombre "Alegrías" funciona como una ironía punzante, un contraste sangrante con la atmósfera de pesadumbre y realismo sucio que impregna cada página.

La trama se dispara con un evento catalizador tan universal como devastador: la enfermedad del padre. Ante el diagnóstico de cáncer del progenitor, el mundo de Jim, que ya de por sí se sostenía sobre cimientos inestables, comienza a desmoronarse. Sin embargo, Almendros huye de los tropos habituales del drama médico o la historia de superación lacrimógena. En lugar de eso, nos ofrece una crónica fragmentada y surrealista sobre cómo el dolor y la incertidumbre transforman nuestra percepción de la realidad.

Visualmente, *Jim Alegrías* es una bofetada de minimalismo expresionista. El estilo de Almendros es deliberadamente "feo" o grotesco para los estándares del cómic comercial, pero es precisamente ahí donde reside su genialidad. Sus personajes tienen anatomías distorsionadas, extremidades que parecen derretirse y rostros que son máscaras de angustia o vacío. El uso del blanco y negro, con un trazo nervioso y a veces sucio, refuerza la sensación de claustrofobia. No hay fondos detallados que nos distraigan; el autor despoja al escenario de todo lo superfluo para que el lector no tenga más remedio que enfrentarse a la desnudez emocional de los protagonistas.

A medida que la historia avanza, la frontera entre lo que ocurre en el mundo real —las visitas al hospital, las conversaciones incómodas en la cocina, el silencio de la casa familiar— y las alucinaciones o proyecciones mentales de Jim se vuelve difusa. El cómic utiliza metáforas visuales potentes para representar la depresión y el miedo: desde transformaciones físicas imposibles hasta la aparición de elementos simbólicos que parecen sacados de una pesadilla febril. Es una obra que entiende que, ante una tragedia personal, la lógica suele ser la primera víctima.

Uno de los puntos más fuertes de la obra es su capacidad para retratar la incomunicación. Jim es un personaje que no sabe cómo gestionar el afecto ni cómo procesar la pérdida inminente. La relación con su hermana y su madre está teñida de una extrañeza cotidiana, donde lo no dicho pesa mucho más que las palabras. Almendros logra capturar esa parálisis vital que ocurre cuando la realidad es demasiado pesada para ser digerida, convirtiendo la lectura en una experiencia empática y, por momentos, asfixiante.

En conclusión, *Jim Alegrías* es una pieza fundamental para entender la evolución de la novela gráfica de autor en España. Es un cómic valiente que no busca complacer al lector ni ofrecerle consuelo, sino invitarlo a mirar de frente al abismo de la enfermedad y la soledad. Felipe Almendros firma aquí una obra de una honestidad brutal, donde el arte se convierte en la única herramienta capaz de dar forma al caos interno. Es, sin duda, una lectura imprescindible para quienes buscan historias que desafíen las convenciones y exploren la condición humana sin filtros ni artificios. Una joya del "underground" emocional que deja una huella indeleble mucho después de haber cerrado sus páginas.

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