*Jessica Blandy*, creada por el guionista Jean Dufaux y el dibujante Renaud (Renaud Denauw), es una de las obras fundamentales del cómic europeo de finales del siglo XX y principios del XXI. Publicada originalmente bajo el sello de la colección *Repérages* de la editorial belga Dupuis, esta serie se desmarca de las convenciones del género policial tradicional para ofrecer un retrato crudo, melancólico y profundamente psicológico de la sociedad estadounidense, vista a través de una lente europea cargada de fatalismo y elegancia.
La protagonista que da nombre a la serie no es una detective privada, ni una agente de la ley, ni una justiciera al uso. Jessica Blandy es una escritora de éxito que reside en California, una mujer cuya belleza y aparente fragilidad esconden una resiliencia forjada en el trauma. A diferencia de otros héroes del género, Jessica no busca los problemas; parece que los problemas poseen un magnetismo trágico que los atrae irremediablemente hacia ella. Su vida es un constante deambular por los escenarios del "sueño americano" que han degenerado en pesadillas: desde los desiertos sofocantes de la frontera hasta las luces de neón de Las Vegas o la decadencia de Florida.
El guion de Jean Dufaux es un ejercicio de estilo en el género *noir*. La narrativa no se limita a la resolución de un misterio o a la captura de un criminal; se centra en el impacto emocional que la violencia y la depravación ejercen sobre el individuo. Los temas recurrentes de la obra son la soledad, la corrupción política, el fanatismo religioso, las sectas y la psicopatía. Sin embargo, lo que eleva a *Jessica Blandy* por encima de otros *thrillers* es su carga existencialista. Jessica bebe, fuma, escucha jazz y se refugia en encuentros sexuales que a menudo son más una búsqueda de consuelo que de placer, reflejando una vulnerabilidad humana que la hace profundamente empática para el lector.
Visualmente, el trabajo de Renaud es el complemento perfecto para la prosa de Dufaux. Su estilo evoluciona a lo largo de los años, pasando de un realismo detallado a una síntesis más expresiva y cinematográfica. Renaud posee una habilidad especial para retratar la atmósfera: el calor que emana del asfalto, la frialdad de una habitación de hotel o la mirada perdida de una protagonista que ha visto demasiado. El diseño de Jessica es icónico; su melena rubia y su mirada melancólica se convirtieron en un símbolo del cómic adulto de los años 80 y 90. El erotismo en la obra, aunque presente y a veces explícito, nunca es gratuito; sirve para subrayar la humanidad de los personajes en un mundo que intenta despojarlos de ella.
La estructura de la serie se organiza en álbumes que a menudo forman arcos argumentales complejos, donde los fantasmas del pasado de Jessica regresan para atormentarla. Personajes secundarios como el detective Gus Bomby o diversas figuras del hampa aportan una riqueza coral a la historia, pero el foco nunca se desvía de la evolución interna de la escritora. En *Jessica Blandy*, el mal no es una fuerza abstracta, sino algo tangible y cotidiano que se esconde detrás de sonrisas políticas o instituciones respetables.
En definitiva, *Jessica Blandy* es una obra imprescindible para cualquier amante del noveno arte que busque una lectura madura, alejada de los maniqueísmos. Es un viaje literario y visual por las sombras del alma humana, una crónica de la supervivencia en un entorno hostil donde la única victoria posible es mantener la integridad personal. La serie no solo consolidó a Dufaux como uno de los grandes guionistas del medio, sino que estableció un estándar de calidad para el *thriller* psicológico en el cómic franco-belga, demostrando que las viñetas pueden ser tan profundas, oscuras y conmovedoras como la mejor novela negra.