Jess Long representa uno de los pilares del realismo dentro de la historieta franco-belga (BD), marcando un punto de inflexión en la revista *Spirou* a finales de la década de 1960. Creada en 1969 por el guionista Maurice Tillieux y el dibujante Arthur Piroton, la serie se aleja del tono caricaturesco predominante en la publicación para ofrecer un policiaco procedimental sólido, seco y profundamente influenciado por el cine negro estadounidense y las series de televisión de la época.
La trama sigue las investigaciones de Jess Long, un agente especial del FBI con base en los Estados Unidos. Long es el arquetipo del investigador federal: un hombre atlético, de mandíbula cuadrada, profesional impecable y con un sentido del deber inquebrantable. A diferencia de otros héroes de la época, Long no posee habilidades sobrehumanas ni gadgets inverosímiles; su eficacia reside en la deducción, la persistencia y, cuando la situación lo requiere, una notable destreza en el combate cuerpo a cuerpo y el manejo de armas de fuego.
El contrapunto necesario lo aporta su compañero, Slim Sullivan. Sullivan no es solo un apoyo táctico, sino que introduce una dinámica de camaradería que humaniza la serie. Mientras que Long es metódico y contenido, Sullivan suele ser más impulsivo, aportando un ligero toque de humor que nunca llega a romper la tensión dramática de los casos. Juntos, recorren la geografía estadounidense, desde las asfixiantes junglas de asfalto de Nueva York o San Francisco hasta los desiertos de Arizona o las zonas rurales del Sur profundo.
Narrativamente, la serie destaca por la maestría de Maurice Tillieux. El guionista, ya consagrado por obras como *Gil Jourdan*, volcó en *Jess Long* su fascinación por el género negro, pero despojándolo de los elementos cómicos de sus trabajos anteriores. Los guiones son precisos, con diálogos afilados y una estructura que respeta los cánones del suspense. Las tramas abarcan un espectro amplio de la criminalidad: desde redes de narcotráfico y espionaje industrial hasta secuestros, robos de guante blanco y enfrentamientos con el crimen organizado. Tillieux logra que cada caso se sienta auténtico, apoyándose en una documentación exhaustiva sobre los métodos de investigación del FBI de aquellos años.
Visualmente, el trabajo de Arthur Piroton es fundamental para entender el éxito y la longevidad de la obra. Piroton es un maestro del realismo técnico. Su dibujo se caracteriza por una línea limpia pero detallada, con una especial atención a la arquitectura urbana y, sobre todo, a la representación de vehículos. En una época donde el automóvil era un símbolo de estatus y una herramienta narrativa clave en las persecuciones, Piroton dibujaba cada modelo con una precisión casi de ingeniero. El uso de las sombras y el encuadre cinematográfico refuerzan esa atmósfera de "película de serie B" de alta calidad que impregna cada página.
Tras la prematura muerte de Tillieux en 1978, la serie continuó bajo la batuta de otros guionistas, destacando especialmente la etapa de Stephen Desberg, quien supo mantener la esencia del personaje mientras lo adaptaba a las nuevas sensibilidades de los años 80, introduciendo tramas ligeramente más complejas y oscuras.
En resumen, *Jess Long* es una obra imprescindible para los amantes del género policiaco clásico. Es un cómic que captura la fascinación europea por la mitología criminal estadounidense, ofreciendo historias autoconclusivas (y algunas sagas largas) que destacan por su sobriedad, su rigor narrativo y un apartado visual que define la excelencia del dibujo realista en la escuela de Marcinelle. Una serie que demuestra que, más allá de la fantasía y el humor, el noveno arte puede ser un vehículo perfecto para el suspense más puro y directo.