Jennifer Blood Vol1

Jennifer Blood: La dualidad letal de la domesticidad

Publicada originalmente por Dynamite Entertainment en 2011, *Jennifer Blood* representa una de las incursiones más ácidas y desmitificadoras de Garth Ennis en el género de los vigilantes. El primer volumen de esta serie no solo establece las bases de una historia de venganza sangrienta, sino que disecciona con precisión quirúrgica la fachada de la perfección suburbana estadounidense. La obra, escrita por Ennis y dibujada por Adriano Batista, nos presenta una premisa que, aunque pueda parecer familiar en el papel, se ejecuta con una frialdad y un humor negro que solo el guionista irlandés sabe imprimir.

La protagonista es Jennifer Fellows, una mujer que encarna el ideal del "sueño americano". Es una esposa dedicada, una madre atenta de dos hijos y una vecina ejemplar en un barrio residencial impecable. Su vida transcurre entre preparar desayunos nutritivos, llevar a los niños al colegio, mantener una casa reluciente y participar en las dinámicas sociales de su comunidad. Sin embargo, esta rutina es solo una elaborada máscara. Cuando su familia se duerme, Jennifer Fellows deja de existir para dar paso a Jennifer Blood, una asesina metódica, altamente entrenada y absolutamente implacable.

El motor narrativo del primer volumen es la venganza personal. Jennifer ha dedicado años de su vida a planificar la aniquilación sistemática de la familia Blute, un clan criminal de alto nivel compuesto por cinco hermanos que resultan ser sus tíos. El cómic nos sumerge en el origen de este odio sin recurrir a giros innecesarios: los Blute son responsables de la destrucción de su infancia y de la muerte de su padre, y Jennifer ha decidido que la única forma de seguir adelante es borrando cada rastro de su linaje biológico de la faz de la tierra.

Lo que distingue a *Jennifer Blood* de otros cómics de "justicieros" es el contraste absoluto entre sus dos mundos. Ennis utiliza un recurso narrativo eficaz: el diario personal de Jennifer. A través de sus entradas, el lector accede a una psique que es, al mismo tiempo, aterradoramente pragmática y extrañamente doméstica. Jennifer no disfruta de la violencia de una manera maníaca; la ve como una tarea más de su lista de pendientes, tan necesaria y mundana como comprar leche o podar el césped. Esta disociación es el núcleo de la obra y lo que genera una tensión constante.

A nivel estructural, el Volumen 1 sigue el avance de Jennifer a través de su "lista de objetivos". Cada enfrentamiento con los hermanos Blute está diseñado para mostrar diferentes facetas de su habilidad táctica. No estamos ante una heroína con superpoderes, sino ante una mujer que utiliza la inteligencia, la preparación y un arsenal militar para superar a enemigos que la subestiman por su apariencia. La violencia es explícita y visceral, característica intrínseca del estilo de Ennis, pero aquí sirve para subrayar la brutalidad del mundo criminal en contraposición a la calma artificial de los suburbios.

El arte de Adriano Batista complementa perfectamente el guion. Su estilo es detallado y realista, capaz de capturar tanto la calidez de una cocina familiar a media mañana como la frialdad metálica de un rifle de francotirador en una azotea. Batista logra que Jennifer se vea creíble en ambos entornos, evitando caer en la hipersexualización gratuita que a menudo plaga este tipo de títulos, lo que refuerza la seriedad de su misión.

En conclusión, el primer volumen de *Jennifer Blood* es una obra cruda que subvierte los tropos del género de venganza. No busca la redención de su protagonista ni intenta justificar sus actos mediante una moralidad superior; simplemente presenta la crónica de una mujer que ha decidido que la única forma de proteger su presente es destruyendo su pasado. Es un estudio sobre la compartimentación mental y las longitudes extremas a las que alguien puede llegar para mantener una vida normal, todo ello envuelto en una narrativa de acción trepidante y un cinismo punzante que cuestiona la verdadera naturaleza de la paz familiar.

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