Jefferson Kiss, con guion de Julio Videras y dibujo de Paco Zarco, se erige como una de las propuestas más sólidas y magnéticas dentro del panorama del *thriller* conspiranoico en el cómic español contemporáneo. Publicada bajo el sello de Amaníaco Ediciones, esta obra se aleja de los convencionalismos del género para ofrecer una narrativa densa, madura y profundamente anclada en la revisión de los mitos fundacionales de los Estados Unidos, todo ello pasado por el tamiz de una estética de cine negro impecable.
La trama se articula en torno a un eje central tan fascinante como peligroso: la existencia de un secreto histórico que ha permanecido oculto durante más de dos siglos. El punto de partida nos sitúa en una realidad donde la historia oficial, aquella grabada en mármol y enseñada en las escuelas, es puesta en tela de juicio. El título, que hace referencia directa a uno de los Padres Fundadores, Thomas Jefferson, no es casual. La obra explora la posibilidad de que el tercer presidente de los Estados Unidos y principal autor de la Declaración de Independencia hubiera dejado tras de sí un legado oculto, una verdad que, de salir a la luz, no solo mancharía su reputación, sino que podría desestabilizar los cimientos mismos de la nación más poderosa del mundo.
El protagonista de la historia se ve envuelto, casi de forma accidental, en una espiral de violencia e intriga al entrar en contacto con una información que no debería poseer. A partir de ese momento, el cómic se transforma en una persecución frenética donde las sombras son tan peligrosas como los hombres que las habitan. Videras construye un guion de ritmo cinematográfico, donde la tensión se dosifica con precisión quirúrgica. No se trata de una simple historia de espías; es un estudio sobre el poder, la manipulación de la verdad y el peso de la herencia histórica. Los diálogos son directos, cargados de subtexto, y contribuyen a crear esa atmósfera de paranoia constante donde el lector, al igual que el protagonista, nunca sabe en quién confiar.
En el apartado visual, Paco Zarco realiza un trabajo excepcional que define la identidad del cómic. Su estilo, caracterizado por un uso magistral del claroscuro, remite directamente a los clásicos del *noir*. El dibujo no es meramente ilustrativo; es narrativo en su esencia más pura. Zarco utiliza las sombras no solo para ocultar, sino para enfatizar la psicología de los personajes y la opresión del entorno. Cada viñeta está cargada de detalles que refuerzan la verosimilitud de la ambientación, desde los despachos cargados de humo hasta las calles