Jaguar

Jaguar, la obra gestada por la colaboración entre el guionista chileno Alejandro Jodorowsky y el dibujante español Das Pastoras (Julio Martínez Pérez), representa una de las incursiones más viscerales y visualmente impactantes dentro del catálogo de la editorial francesa Les Humanoïdes Associés. Publicada originalmente a finales de la década de los 90 y principios de los 2000, esta serie se aleja de la ciencia ficción tecnológica de *El Incal* o *La Casta de los Metabarones* para sumergirse en una fantasía épica de corte precolombino, donde el misticismo, la brutalidad y la naturaleza salvaje convergen en un relato de iniciación y trascendencia.

La trama se sitúa en un mundo que evoca las civilizaciones mesoamericanas, pero pasado por el tamiz surrealista y simbólico característico de Jodorowsky. El protagonista, que da nombre a la obra, es un joven de fuerza sobrehumana y origen misterioso. Jaguar no es un héroe convencional; es un ser puramente instintivo, una fuerza de la naturaleza que debe navegar en un entorno jerárquico dominado por la crueldad, la religión sangrienta y la ambición de poder. La historia arranca con el descubrimiento de este joven salvaje y su posterior inserción en una sociedad teocrática que ve en él tanto una amenaza como una herramienta de dominación.

El núcleo narrativo de la obra gira en torno a la búsqueda de la identidad y el cumplimiento de un destino que parece estar escrito en las estrellas y en la sangre. Jaguar se ve envuelto en las intrigas de los "Señores de la Noche" y de castas sacerdotales que manipulan la fe y el sacrificio para mantener el orden cósmico. A medida que la historia avanza, el protagonista debe enfrentarse a pruebas físicas y espirituales que lo obligan a evolucionar de un estado de inocencia animal a uno de conciencia superior. Jodorowsky utiliza esta premisa para explorar sus temas recurrentes: la relación traumática con la figura paterna, la dualidad entre lo sagrado y lo profano, y la necesidad de destruir el ego para alcanzar la verdadera libertad.

El apartado gráfico de Das Pastoras es, sin lugar a dudas, el pilar que sostiene la magnitud de esta obra. Su estilo se aleja de la limpieza del cómic europeo tradicional para ofrecer un dibujo denso, orgánico y extremadamente detallado. La anatomía de los personajes es rotunda, casi escultórica, transmitiendo una sensación de peso y fisicidad que es vital para la atmósfera de la historia. Das Pastoras logra recrear una arquitectura monumental y una selva opresiva que se sienten vivas, donde cada textura —ya sea la piedra labrada de las pirámides, la piel de los jaguares o las plumas de los tocados— está renderizada con una precisión obsesiva. Su uso del color, a menudo terroso y saturado, refuerza la sensación de un mundo antiguo, violento y vibrante.

A diferencia de otras obras de Jodorowsky donde la metafísica puede volverse abstracta, en *Jaguar* el guion se mantiene anclado a la tierra gracias a la crudeza de las situaciones. El cómic no escatima en mostrar la violencia inherente a un mundo regido por dioses implacables. Sin embargo, esta violencia no es gratuita, sino que forma parte del lenguaje ritual de la historia. La narrativa avanza con un ritmo pausado pero implacable, permitiendo que el lector se sumerja en la cosmogonía particular que ambos autores han construido.

En resumen, *Jaguar* es una pieza fundamental para entender la evolución de la fantasía en el cómic contemporáneo. Es una obra que prescinde de los tropos habituales del género para proponer una mitología propia, cruda y fascinante. La sinergia entre el guion iniciático de Jodorowsky y el arte visceral de Das Pastoras convierte a este cómic en una experiencia sensorial única, donde el viaje del héroe se transforma en una danza salvaje entre la supervivencia y la iluminación. Es, en esencia, un estudio sobre el poder, la naturaleza humana y el mito, presentado con una maestría visual que sigue resultando vanguardista décadas después de su creación.

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