Ivan Casablanca es una de las obras más personales y definitorias de la etapa europea de Guillem March, autor mallorquín que posteriormente alcanzaría el estrellato internacional en el mercado estadounidense con títulos como *Catwoman*, *Batman* o *The Joker*. Publicada originalmente bajo el título completo de *Ivan Casablanca: Puntos Suspendidos*, esta obra se aleja de las convenciones del género de superhéroes para adentrarse en un terreno mucho más íntimo, psicológico y visualmente sofisticado, consolidándose como un referente del cómic de autor contemporáneo en España.
La narrativa nos presenta a Ivan Casablanca, un fotógrafo profesional afincado en Palma de Mallorca. Ivan no es el típico héroe de acción; es un hombre observador, algo cínico y profundamente inmerso en su propia visión estética del mundo. Su vida, marcada por una rutina de encargos comerciales y una búsqueda constante de la belleza a través del objetivo de su cámara, da un vuelco cuando se ve envuelto en una trama de misterio que roza el género negro. La desaparición de una joven y la aparición de una misteriosa mujer que parece sacada de sus propias obsesiones visuales actúan como el motor de una historia que, más allá de la resolución de un enigma, explora la psique del protagonista.
El cómic se estructura como un thriller mediterráneo. A diferencia del *noir* tradicional, caracterizado por sombras densas y callejones oscuros, March utiliza la luz cegadora de las Islas Baleares para crear una atmósfera de tensión. La claridad del entorno no aporta transparencia a los hechos, sino que parece ocultar los secretos bajo una pátina de cotidianidad y sol. La trama avanza a través de una serie de encuentros, diálogos afilados y silencios cargados de significado, donde la línea entre la realidad y la percepción del artista se vuelve difusa.
Desde el punto de vista técnico, *Ivan Casablanca* es un despliegue de virtuosismo. Guillem March demuestra por qué es considerado uno de los mejores dibujantes de su generación. Su dominio de la anatomía humana es absoluto, dotando a los personajes de una expresividad y una sensualidad que son marca de la casa. Sin embargo, no se queda en la superficie estética; la narrativa visual es dinámica, con una composición de página que guía al lector a través de los pensamientos de Ivan, utilizando el encuadre fotográfico como una metáfora constante de cómo el protagonista interactúa con su entorno. El uso del color (o del blanco y negro, dependiendo de la edición) refuerza esa sensación de introspección y misterio.
Uno de los pilares fundamentales de la obra es el concepto de la mirada. Ivan Casablanca vive de mirar, de capturar momentos y de interpretar la realidad a través de un visor. El cómic explora el voyerismo, la obsesión por la musa y la distancia emocional que el artista interpone entre él y el mundo para poder procesarlo. Esta profundidad temática eleva el cómic por encima del simple relato detectivesco, convirtiéndolo en un estudio sobre la soledad moderna y la búsqueda de sentido en una sociedad de imágenes.
La obra también destaca por su realismo geográfico y social. Palma de Mallorca no es solo un escenario, sino un personaje más, retratado con una precisión que solo alguien que conoce profundamente sus calles puede lograr. Esto aporta una capa de verosimilitud que hace que los elementos más oníricos o intrigantes de la trama se sientan peligrosamente cercanos.
En conclusión, *Ivan Casablanca* es una pieza imprescindible para los seguidores de Guillem March y para cualquier lector que busque un cómic adulto, inteligente y visualmente deslumbrante. Es una historia de "puntos suspendidos", donde lo que no se dice y lo que queda fuera del encuadre es tan importante como lo que vemos en las viñetas. Una obra que disecciona la obsesión y el misterio bajo el sol del Mediterráneo, manteniendo al lector atrapado en la red de incertidumbres de su protagonista hasta la última página.