Isabellae, la obra creada por el guionista Raule y el dibujante Gabor, se erige como una de las propuestas más sólidas y visualmente impactantes del cómic europeo (BD) de la última década. Publicada originalmente por la editorial belga Le Lombard, esta saga logra una hibridación perfecta entre el rigor histórico del Japón feudal y la fantasía oscura de tintes sobrenaturales, todo ello bajo una narrativa deudora tanto del *chanbara* (cine de samuráis) como de la aventura épica occidental.
La historia se sitúa en el Japón del siglo XII, un periodo convulso marcado por las secuelas de las guerras entre clanes. La protagonista absoluta es Isabellae Ashiwara, una mujer de cabellos rojizos que delatan su origen mestizo: es hija de un antiguo guerrero irlandés y de una mujer japonesa. Esta dualidad no es solo estética, sino que define su posición en el mundo; Isabellae es una paria, una espadachina errante que se mueve en los márgenes de una sociedad rígidamente estructurada, ganándose la vida como cazarrecompensas mientras persigue un objetivo personal que consume su existencia.
El motor narrativo de la obra es la búsqueda de su hermana desaparecida, Siuko. Sin embargo, Isabellae no viaja sola. La acompaña el espíritu de su padre difunto, un fantasma que solo ella puede ver y con el que mantiene constantes diálogos que oscilan entre el consejo táctico y el reproche familiar. Este elemento sobrenatural está integrado de forma orgánica en el relato, funcionando no solo como un recurso fantástico, sino como una manifestación de la carga emocional y el pasado traumático que la protagonista arrastra consigo.
A medida que la trama avanza, el viaje de Isabellae se complica al verse envuelta en conflictos que superan su búsqueda personal. El guion de Raule destaca por su capacidad para entrelazar la microhistoria de la protagonista con la macrohistoria de un Japón poblado por mitos, demonios y conspiraciones políticas. La obra no escatima en mostrar la crudeza de la época; la violencia es directa y visceral, pero siempre está justificada por el contexto de supervivencia y honor que rige el mundo de los samuráis.
En el apartado visual, el trabajo de Gabor es excepcional y fundamental para la identidad del cómic. Su estilo combina la elegancia de la línea clara europea con un dinamismo propio del manga, especialmente visible en las coreografías de combate. Las escenas de acción son fluidas, detalladas y poseen una fuerza cinética que atrapa al lector. Además, el diseño de personajes logra transmitir una gran expresividad, permitiendo que el peso de la historia recaiga en las miradas y los silencios de Isabellae. El uso del color también juega un papel narrativo crucial, diferenciando las atmósferas oníricas y espirituales de la realidad terrenal y sangrienta del campo de batalla.
Otro pilar fundamental de *Isabellae* es su tratamiento del folclore. La obra explora el sintoísmo y las leyendas japonesas, poblando los bosques y caminos de criaturas que desafían la lógica, pero que resultan tangibles dentro del universo establecido. La espada de la protagonista, una pieza con historia propia, simboliza esa unión entre lo físico y lo místico que impregna cada página.
En resumen, *Isabellae* es una epopeya sobre la identidad, la pérdida y la redención. A través de sus siete tomos (recopilados habitualmente en integrales), el lector asiste a la evolución de una mujer que debe luchar no solo contra enemigos de carne y hueso o entidades espectrales, sino contra su propio destino. Es un cómic que respeta los códigos del género histórico mientras se atreve a innovar con una protagonista compleja, alejada de los arquetipos femeninos tradicionales del género, consolidándose como una lectura imprescindible para los amantes de la aventura con trasfondo psicológico y artístico.