Isabel – La loba de Francia es una de las obras más destacadas dentro de la ambiciosa colección histórica *Las Reinas de Sangre* (*Les Reines de Sang*), publicada originalmente por la editorial francesa Delcourt. Con guion de Thierry Gloris y un dibujo magistral a cargo del artista español Jaime Calderón, este cómic se aleja de las hagiografías románticas para ofrecer un retrato crudo, político y visceral de una de las figuras más fascinantes y temidas de la Edad Media: Isabel de Francia, hija de Felipe IV «el Hermoso» y esposa de Eduardo II de Inglaterra.
La narrativa se sitúa a principios del siglo XIV, en un contexto donde los matrimonios reales no son sino piezas de ajedrez en el tablero de la geopolítica europea. El cómic arranca con la llegada de una joven Isabel a la corte inglesa, una tierra que le resulta extraña y hostil. Desde las primeras páginas, Gloris establece el conflicto central que definirá la vida de la protagonista: el desprecio sistemático de su marido, Eduardo II. El monarca, lejos de cumplir con sus deberes conyugales y políticos, vuelca su atención y el tesoro del reino en sus favoritos, especialmente en la figura de Piers Gaveston.
El guion de Thierry Gloris destaca por su capacidad para transformar el rigor histórico en un drama de suspense político. No se limita a enumerar fechas o batallas, sino que profundiza en la psicología de una mujer que, atrapada en un sistema patriarcal asfixiante, decide dejar de ser una víctima para convertirse en una jugadora letal. La evolución de Isabel está magistralmente trazada: de la joven ingenua y humillada que busca el afecto de su esposo, pasamos a una estratega fría que comprende que el poder no se recibe, sino que se arrebata. El cómic explora cómo la soledad y el insulto constante forjan el carácter de la «Loba», llevándola a tejer alianzas peligrosas, como su relación con el barón rebelde Roger Mortimer.
Sin embargo, lo que eleva a Isabel – La loba de Francia a la categoría de obra maestra del cómic histórico contemporáneo es el apartado visual de Jaime Calderón. El dibujante despliega un estilo realista de una minuciosidad apabullante. Cada viñeta es una lección de documentación histórica: desde la arquitectura gótica de las abadías y castillos hasta el diseño de las armaduras, los blasones y las ricas texturas de los ropajes de la nobleza. Calderón no solo destaca en el detalle estático; su narrativa visual es dinámica, capaz de transmitir la tensión de una discusión en la alcoba real con la misma intensidad que el caos de una carga de caballería.
El uso del color también juega un papel narrativo fundamental. Las tonalidades frías y a menudo lúgubres de la corte inglesa contrastan con la suntuosidad de la corte francesa, subrayando el aislamiento emocional de Isabel. La expresividad de los rostros es otro punto fuerte; Calderón logra capturar la arrogancia de Eduardo II, la ambición de los favoritos y, sobre todo, la mirada de Isabel, que transita de la tristeza a una determinación gélida que hiela la sangre.
El cómic no rehúye la violencia ni la crudeza de la época. La Edad Media que se presenta aquí es sucia, cruel y despiadada. La lucha por el poder se muestra en toda su fealdad, con traiciones que se gestan en pasillos oscuros y ejecuciones que sirven como escarmiento público. No obstante, esta crudeza nunca es gratuita; sirve para contextualizar las decisiones extremas que Isabel se ve obligada a tomar para sobrevivir y proteger el legado de su hijo, el futuro Eduardo III.
En conclusión, Isabel – La loba de Francia es un cómic imprescindible para los amantes del género histórico y para quienes buscan historias de personajes complejos y multidimensionales. Es el retrato de una mujer que, en un mundo diseñado por y para hombres, logra subvertir el orden establecido. La combinación del guion incisivo de Gloris y el arte superlativo de Calderón convierte esta obra en una experiencia inmersiva que transporta al lector al corazón de las intrigas de la Guerra de los Cien Años, demostrando que la realidad histórica puede ser mucho más fascinante y brutal que cualquier ficción fantástica.