Intox, la obra cumbre de Martí (Martí Riera Ferrer), se erige como uno de los pilares fundamentales del cómic underground español, específicamente dentro de la corriente denominada "línea chunga". Publicada originalmente por entregas en la mítica revista *El Víbora* a finales de los años 80, esta novela gráfica es un descenso sin frenos a los abismos de la degradación urbana, la corrupción moral y la pesadilla industrial.
La trama de *Intox* nos sitúa en una metrópolis asfixiante, una ciudad que parece haber sido construida con los restos de un naufragio social. El protagonista es un hombre común, un individuo atrapado en una red de circunstancias que lo superan, quien se ve envuelto en una espiral de violencia y misterio relacionada con una sustancia tóxica. Sin entrar en detalles que arruinen la experiencia de lectura, la narrativa se despliega como un *thriller* de serie negra, pero pasado por el tamiz de un nihilismo absoluto. Aquí no hay héroes, solo supervivientes o víctimas de un sistema que se alimenta de su propia inmundicia.
El núcleo argumental gira en torno a la idea de la "intoxicación" en múltiples niveles. Por un lado, existe una amenaza tangible: vertidos químicos, drogas adulteradas y una contaminación ambiental que parece mutar no solo los cuerpos, sino también las almas de los ciudadanos. Por otro lado, la intoxicación es metafórica; es la ponzoña de la ambición, la traición y la falta de escrúpulos de quienes ostentan el poder. Martí construye un relato donde lo biológico y lo social se funden en una sola enfermedad.
Visualmente, *Intox* es una obra maestra del contraste. Martí utiliza un estilo que bebe directamente de la estética de Chester Gould (*Dick Tracy*), pero lo subvierte para crear algo mucho más oscuro y grotesco. Su dibujo se caracteriza por un uso magistral del blanco y negro puro, sin grises, donde las sombras no solo ocultan, sino que parecen devorar a los personajes. Las líneas son rígidas, casi talladas en madera, lo que otorga a la obra una sensación de estatismo opresivo, como si el destino de los protagonistas estuviera grabado en piedra y fuera imposible de cambiar.
Los personajes de Martí en *Intox* son figuras deformadas, rostros que reflejan el "feísmo" propio de la época, pero dotados de una expresividad brutal. Cada viñeta está cargada de detalles que refuerzan la sensación de suciedad: paredes desconchadas, alcantarillas rebosantes y callejones sin salida. La arquitectura de la ciudad en el cómic no es un simple fondo, sino un personaje más, un laberinto diseñado para atrapar y triturar a quienes se atreven a transitarlo.
El ritmo narrativo es seco y directo, evitando cualquier tipo de adorno innecesario. Martí confía en la fuerza de sus imágenes para transmitir la desesperación y el asco. La estructura de la obra mantiene una tensión constante, llevando al lector a través de una serie de encuentros sórdidos y revelaciones perturbadoras que componen un mosaico de la decadencia humana. Es una lectura que incomoda, que busca provocar una reacción visceral ante la fealdad del mundo que retrata.
En conclusión, *Intox* es una pieza esencial para entender la evolución del cómic adulto en España. Es una obra que rechaza el escapismo para obligarnos a mirar directamente a las cloacas de la modernidad. Con una estética inconfundible y una visión del mundo profundamente pesimista, Martí logró crear un relato que, décadas después de su publicación, sigue conservando toda su fuerza visual y su relevancia crítica. Es, en definitiva, un viaje al corazón de la tiniebla urbana donde la única certeza es la contaminación total.