Hablar de "Humor de Bolsillo" es sumergirse en la arqueología sentimental del tebeo español y, específicamente, en la época dorada de la mítica Editorial Bruguera. Como experto en el noveno arte, es fundamental entender que esta cabecera no fue simplemente una publicación más, sino un formato revolucionario que democratizó el acceso a la comedia gráfica en un momento en que España buscaba válvulas de escape a través de la viñeta.
Esta colección, que se popularizó enormemente entre las décadas de los 70 y 80, representó la culminación de un estilo de vida: el del lector que deseaba llevarse la risa a cualquier parte. El término "de bolsillo" no era solo una descripción física de su tamaño reducido y manejable, sino una declaración de intenciones. Eran ejemplares diseñados para ser leídos en el autobús, en el recreo o en la sala de espera, convirtiéndose en el compañero inseparable de toda una generación.
El ADN de la Escuela Bruguera
La sinopsis de "Humor de Bolsillo" es, en esencia, la sinopsis de la idiosincrasia española de finales del siglo XX. El contenido de estos tomos solía ser una recopilación magistral de chistes de una sola viñeta, tiras cómicas y páginas autoconclusivas que ya habían triunfado en revistas como *Pulgarcito*, *Tío Vivo* o *Mortadelo*. Sin embargo, al ser agrupadas bajo este formato, adquirían una nueva dimensión de lectura rápida y rítmica.
En sus páginas encontramos el despliegue de lo que hoy conocemos como la "Escuela Bruguera". El estilo visual es inconfundible: personajes de rasgos exagerados, narices prominentes, un dinamismo frenético donde el movimiento se narra a través de líneas de acción y onomatopeyas explosivas, y un uso del espacio que, a pesar del tamaño reducido del papel, nunca se sentía abigarrado. Los artistas lograban que cada centímetro cuadrado contara una historia.
Un desfile de maestros
Aunque "Humor de Bolsillo" funcionaba como una antología temática (podíamos encontrar números dedicados al deporte, a la oficina, a la vida matrimonial o a la medicina), el verdadero reclamo era el elenco de autores que firmaban las páginas. Estamos ante el trabajo de titanes como Francisco Ibáñez, cuya capacidad para el *slapstick* y el gag visual infinito no tiene parangón; Vázquez, el genio de la picaresca y la ironía mordaz; Escobar, con su ternura mezclada con el caos doméstico; o Raf, con su elegancia de trazo y su humor ligeramente más sofisticado.
Lo que hace especial a esta colección es que no se detiene en un solo personaje. Si bien podíamos ver cameos de figuras icónicas, el peso recaía en el "chiste genérico" elevado a la categoría de arte. Eran situaciones universales: el náufrago en la isla desierta, el jefe autoritario y el empleado sumiso, el marido que llega tarde a casa o el ladrón torpe. Estos arquetipos servían como espejo de una sociedad que aprendía a reírse de sus propias desgracias y de la burocracia asfixiante de la época.
El valor narrativo del gag corto
Desde un punto de vista técnico, "Humor de Bolsillo" es una lección de síntesis. Escribir y dibujar una historia de 40 páginas tiene su dificultad, pero lograr que un lector suelte una carcajada en apenas tres viñetas requiere una precisión de cirujano. El ritmo narrativo de estas piezas es impecable: una presentación mínima del escenario, un desarrollo que genera tensión o expectativa, y un remate visual (el "punchline") que a menudo desafía la lógica física, con personajes que terminan literalmente "echando humo" o aplastados contra el suelo.
El humor que destilan estas páginas es blanco, pero con una capa subyacente de crítica social muy inteligente. Bajo la apariencia de chistes inofensivos, se filtraba la realidad de la España de aquel entonces: la carestía, las jerarquías inamovibles y el ingenio necesario para sobrevivir al día a día.
Legado y vigencia
Hoy en día, redescubrir "Humor de Bolsillo" es un ejercicio de nostalgia, pero también de reconocimiento artístico. Para los coleccionistas, estos ejemplares son tesoros que encapsulan una forma de entender el entretenimiento que ya no existe en el quiosco físico, pero que ha influido directamente en el formato de las tiras cómicas digitales y los memes actuales. La brevedad, el impacto visual y la universalidad del tema son elementos que "Humor de Bolsillo" perfeccionó décadas antes de la llegada de las redes sociales.
En conclusión, esta obra es una pieza imprescindible para entender la evolución del cómic en español. No busques aquí grandes sagas épicas ni tramas complejas; busca la pureza del ingenio, la destreza del dibujo artesanal y, sobre todo, esa risa instantánea que, aunque pasen los años, sigue funcionando con la precisión de un reloj suizo. Es, sencillamente, el arte de hacer mucho con muy poco espacio.