Historias Completas de El Víbora no es solo una colección de relatos gráficos; es la crónica visceral de una España en plena transformación y el estandarte del movimiento "comix" en el ámbito hispanohablante. Publicada bajo el sello de Ediciones La Cúpula, esta serie de volúmenes recopila lo más granado de la revista *El Víbora*, cabecera que desde su nacimiento en 1979 redefinió los límites de lo permisible en el quiosco español, alejándose del heroísmo clásico para sumergirse en el fango de la marginalidad urbana.
El núcleo de estas historias se asienta en la denominada "línea chunga", una estética que se contrapone a la pulcritud de la "línea clara" franco-belga. Aquí, el dibujo es a menudo abigarrado, sucio y expresionista, diseñado para incomodar y retratar una realidad que los medios convencionales de la época preferían ignorar. Las páginas de *Historias Completas* funcionan como un catálogo de la contracultura, donde la ciudad —especialmente la Barcelona de los años 80— se convierte en un personaje más: un laberinto de callejones, pensiones de mala muerte y bares donde se cruzan los destinos de personajes olvidados por el sistema.
El contenido de estos volúmenes se caracteriza por una libertad creativa absoluta. Los autores que desfilan por sus páginas no buscaban la complacencia del lector, sino la provocación y la catarsis. Encontramos relatos que abordan sin ambages el consumo de drogas, la liberación sexual, la delincuencia de poca monta y la crítica feroz a las instituciones religiosas y políticas. Sin embargo, más allá del escándalo superficial, subyace una profunda carga de crítica social y un retrato antropológico de las tribus urbanas de la posguerra franquista.
Entre los nombres fundamentales que dan forma a este universo se encuentran figuras como Nazario, cuyo trabajo con personajes como Anarcoma rompió tabúes sobre la identidad de género y el deseo en los bajos fondos. También destaca la presencia de Martí, con su estilo heredero de Chester Gould pero pasado por un tamiz de pesadilla y nihilismo, retratando una violencia seca y cotidiana. Max, antes de su evolución hacia terrenos más metafísicos, aporta aquí su visión más gamberra y punk, mientras que el tándem formado por Gallardo y Mediavilla introduce el lenguaje de la calle, el argot "quinqui", elevando la jerga de los barrios periféricos a la categoría de narrativa literaria.
La estructura de estas historias suele ser autoconclusiva, lo que permite al lector una inmersión rápida en diferentes microcosmos. A pesar de la diversidad de estilos, existe un hilo conductor: el desencanto. Tras la euforia inicial de la libertad recuperada, los autores de *El Víbora* plasmaron la cara B del progreso, el lado oscuro de la modernidad donde la supervivencia diaria es la única meta. No hay finales felices ni moralejas; hay, simplemente, vida en su estado más crudo y sin filtrar.
Técnicamente, la colección es un despliegue de experimentación visual. Desde el uso de tramas mecánicas densas hasta el blanco y negro de alto contraste que acentúa la sordidez de los escenarios, cada autor utiliza el medio para expandir las posibilidades del lenguaje del cómic. La narrativa es ágil, a menudo frenética, reflejando el ritmo de una juventud que vivía deprisa y sin red de seguridad.
En definitiva, *Historias Completas de El Víbora* representa el archivo definitivo del underground español. Es una obra imprescindible para comprender cómo el cómic dejó de ser un producto infantil para convertirse en una herramienta de resistencia cultural y expresión artística adulta. Estos relatos no han perdido vigencia; su lectura actual sigue resultando impactante, no solo por su audacia visual, sino por la honestidad brutal con la que diseccionan las pulsiones más humanas y las contradicciones de una sociedad en crisis permanente. Es, en esencia, el testimonio gráfico de una época en la que el papel impreso era el único lugar donde la libertad no tenía fronteras.