Herejes & Cía, la obra del autor argentino Feliciano García Zecchin, se erige como una de las piezas más crudas y magnéticas del panorama del cómic contemporáneo, situándose en la intersección exacta entre el *noir* más visceral, el realismo sucio y una veta de esoterismo urbano que bordea lo pesadillesco. La narrativa nos sumerge en una Buenos Aires que no figura en las guías turísticas: una metrópolis de sombras alargadas, callejones húmedos y una decadencia moral que parece filtrarse a través de las paredes de los edificios desconchados.
La premisa se articula en torno a una peculiar "agencia" o grupo de individuos que operan en los márgenes de la legalidad y de lo convencional. Estos "herejes" no son héroes, ni siquiera antihéroes en el sentido romántico del término; son profesionales del submundo, hombres y mujeres curtidos por el cinismo que aceptan encargos que la policía no puede resolver y que la gente común prefiere ignorar. El título del cómic no es gratuito: la "herejía" aquí se entiende como la ruptura sistemática con las normas sociales, religiosas y éticas en pos de la supervivencia o de la resolución de conflictos donde la justicia es un concepto inexistente.
A nivel argumental, la obra se estructura a través de casos que, si bien pueden parecer autoconclusivos en su superficie, van tejiendo una red de corrupción y depravación mucho más profunda. Los protagonistas se ven envueltos en tramas que involucran desde ajustes de cuentas mafiosos hasta rituales oscuros y secretos familiares enterrados bajo capas de hipocresía. La genialidad de García Zecchin reside en cómo maneja el ritmo narrativo: la tensión se construye no solo a través de la acción —que es violenta y directa— sino mediante diálogos afilados, cargados de un humor negro que sirve como único alivio ante la sordidez del entorno.
El apartado visual es, sin lugar a dudas, el pilar fundamental que define la identidad de Herejes & Cía. El autor opta por un blanco y negro de alto contraste que hereda la tradición del *chiaroscuro* de maestros como Alberto Breccia o José Muñoz, pero inyectándole una energía nerviosa y moderna. El uso de la mancha de tinta es agresivo y deliberado; las sombras no solo ocultan a los personajes, sino que parecen devorarlos. Los rostros están cargados de líneas de expresión que denotan cansancio, vicio y una profunda humanidad herida. La arquitectura de la ciudad se presenta como una entidad opresiva, un laberinto de cemento que atrapa a los personajes en sus propias miserias.
Uno de los aspectos más destacables es la atmósfera. Hay una sensación constante de fatalismo que impregna cada viñeta. Los personajes de Herejes & Cía parecen moverse por inercia en un mundo que ya ha colapsado, donde la única moneda de cambio es la lealtad (siempre precaria) y la capacidad de infligir o soportar dolor. Sin embargo, a pesar de esta oscuridad, el cómic evita caer en el nihilismo gratuito gracias a la solidez de sus caracterizaciones. Cada miembro de esta "compañía" tiene un código propio, una ética deformada pero coherente que los mantiene a flote en el abismo.
La obra también explora la periferia de lo sobrenatural sin llegar a abrazar el género fantástico de forma plena. Lo esotérico en este cómic se siente como una extensión de la podredumbre urbana: algo sucio, peligroso y profundamente terrenal. No hay grandes revelaciones místicas, sino una comprensión tácita de que el mal tiene muchas formas, y algunas de ellas no pueden explicarse mediante la lógica racional.
En conclusión, Herejes & Cía es una lectura obligatoria para los amantes del género negro que buscan algo que vaya más allá de los tropos habituales del detective privado y la mujer fatal. Es un ejercicio de estilo impecable, una radiografía de las sombras de la sociedad y un testamento del poder narrativo del dibujo en blanco y negro. Feliciano García Zecchin logra crear un universo propio, asfixiante y fascinante a partes iguales, donde la única verdad absoluta es que, en la oscuridad, todos somos, de una forma u otra, herejes.