La obra compuesta por *Las Guerras Tracias* y *Las Dagas de Kush*, escrita por el guionista Steve Moore y publicada originalmente por Radical Comics, representa una de las reinterpretaciones más crudas y realistas del mito de Hércules en el medio del cómic. Lejos de la imagen del semidiós heroico y luminoso de las producciones de Disney o las series de televisión de los años 90, Moore nos presenta a un hombre quebrado, un mercenario que vive a la sombra de su propia leyenda y que ha convertido el trauma en una herramienta de guerra.
En *Las Guerras Tracias*, la narrativa nos sitúa tras los famosos doce trabajos. Hércules no viaja solo; lidera a un grupo de mercenarios proscritos, cada uno con habilidades letales y un pasado oscuro: Amphiaraus el vidente, Autolycus el astuto, Tydeus el salvaje, Atalanta la arquera y su sobrino Iolaus, quien actúa como el cronista encargado de embellecer las hazañas del grupo para alimentar el mito. La historia comienza cuando el Rey Cotys de Tracia contrata a esta banda de asesinos experimentados con un objetivo claro: entrenar a su ejército para convertir a campesinos y pastores en la fuerza militar más temible del mundo conocido.
El conflicto central de este primer arco no reside solo en las batallas sangrientas, sino en la desmitificación del héroe. Moore utiliza un enfoque de "realismo histórico" donde lo sobrenatural es puesto en duda constantemente. ¿Es Hércules realmente el hijo de Zeus o simplemente un hombre con una fuerza prodigiosa y una psicología devastada? La trama explora la ética de la guerra y las consecuencias de crear monstruos para combatir a otros monstruos. El arte de Admira Wijaya refuerza esta atmósfera con un estilo detallado, visceral y oscuro, donde el barro y la sangre tienen más presencia que el brillo del Olimpo.
Tras los eventos en Tracia, la narrativa se traslada a Egipto en *Las Dagas de Kush*. En este segundo volumen, Hércules y sus compañeros se ven envueltos en una compleja red de intrigas políticas y guerras civiles en las orillas del Nilo. El grupo es reclutado para servir al Faraón, pero pronto descubren que han aterrizado en medio de una lucha de poder dinástica donde las lealtades son volátiles. El título hace referencia a una orden de asesinos de élite que acecha desde las sombras, representando una amenaza distinta a la fuerza bruta que enfrentaron en las llanuras tracias.
En este arco, el guion profundiza en la dinámica del grupo de mercenarios. Ya no son solo soldados de fortuna; son una familia disfuncional unida por el combate. La ambientación cambia radicalmente, sustituyendo los bosques y colinas de Tracia por la opulencia decadente y los desiertos de Egipto, lo que permite al artista Cris Bolson (quien toma el relevo en este volumen) jugar con una paleta de colores y una arquitectura diferentes, manteniendo la crudeza visual que caracteriza a la serie. La trama se vuelve más cerebral, con espionaje y traiciones que ponen a prueba no solo la fuerza física de Hércules, sino su capacidad para navegar en un mundo donde la palabra tiene tanto peso como la espada.
El conjunto de estas dos obras destaca por su tratamiento de la violencia y la psicología del guerrero. Steve Moore evita los tropos habituales del género de "espada y sandalia" para ofrecer una visión desencantada de la antigüedad. Hércules es retratado como un hombre atormentado por el asesinato de su familia, un pecado que lo persigue y que define su desprecio por la vida, tanto la ajena como la propia. La serie funciona como una deconstrucción del concepto de "héroe", sugiriendo que las leyendas que han llegado hasta nosotros son, en realidad, propaganda diseñada para ocultar verdades mucho más sórdidas.
En resumen, *Hércules: Las Guerras Tracias y Las Dagas de Kush* es una epopeya bélica que prioriza el realismo sucio y la estrategia militar sobre la fantasía épica. Es una lectura esencial para quienes buscan una visión madura del mito griego, centrada en la brutalidad de la guerra antigua