Publicada originalmente por Dark Horse Comics entre 2006 y 2007, la miniserie de cómics *Hellgate: London* se establece como una pieza fundamental de narrativa transmedia, diseñada para expandir y profundizar en el complejo trasfondo del videojuego homónimo desarrollado por Flagship Studios. Escrita por el veterano Ian Edginton y con el arte detallado de Federico Dallocchio, esta obra de cuatro números no es una simple adaptación, sino una precuela necesaria que narra los eventos previos al colapso total de la civilización y el inicio de la era de los demonios.
La trama se sitúa en un futuro cercano, específicamente en el año 2020. La premisa parte de una base histórica alternativa: la humanidad siempre ha estado bajo la amenaza de fuerzas infernales, y organizaciones secretas como los Caballeros Templarios han mantenido una vigilia silenciosa durante siglos. Sin embargo, el equilibrio se rompe cuando las puertas del Infierno se abren de par en par en el corazón de Londres. El cómic captura con precisión el periodo conocido como "The Burn" (El Incendio), el momento crítico en el que la tecnología moderna de la humanidad se enfrenta, y fracasa estrepitosamente, contra la magia arcana y la ferocidad biológica de las legiones demoníacas.
El guion de Edginton se centra en la figura de Lyra, una joven que se ve atrapada en el caos de la invasión inicial. A través de su perspectiva, el lector experimenta la caída de la metrópolis británica, transformando los icónicos paisajes urbanos de Londres en un campo de batalla gótico y apocalíptico. La narrativa no solo se apoya en la acción, sino que introduce de manera orgánica las tres facciones que definen este universo: los Templarios, guerreros sagrados que combinan armaduras futuristas con reliquias antiguas; los Cabalistas, individuos que buscan dominar el poder demoníaco para sus propios fines; y los Cazadores, ex-militares de élite que confían en la potencia de fuego y la tecnología de vanguardia.
Uno de los puntos fuertes de este cómic es cómo establece las reglas del mundo. No se limita a mostrar monstruos destruyendo edificios; explora la naturaleza de la "Corrupción", una fuerza sobrenatural que altera la realidad física y consume el espíritu humano. El arte de Federico Dallocchio complementa esta visión con un estilo oscuro, sucio y altamente detallado. Su diseño de los demonios evita los tropos genéricos, presentando criaturas que parecen amalgamas de pesadilla, carne y metal, lo que refuerza la atmósfera de horror tecnológico que impregna la obra. El uso de las sombras y una paleta de colores apagada subraya la desesperanza de una población que ve cómo su mundo desaparece en cuestión