Helice

*Hélice*, la monumental obra de Marc Torices publicada por Apa Apa Cómics, se erige como uno de los ejercicios narrativos más ambiciosos, complejos y perturbadores del cómic contemporáneo español. A lo largo de sus más de trescientas páginas, Torices no solo construye una historia, sino que edifica un artefacto visual que disecciona con precisión quirúrgica la alienación, la mediocridad y la crueldad inherente a las estructuras sociales modernas.

La trama se articula en torno a Kilian, un personaje que encarna la figura del paria urbano. Kilian es un individuo gris, un oficinista cuya existencia está marcada por la invisibilidad y una profunda falta de habilidades sociales. Su vida es una sucesión de pequeñas derrotas y humillaciones cotidianas que, bajo la lente de Torices, adquieren una dimensión existencial. El título de la obra, *Hélice*, funciona como la metáfora perfecta de su estructura: un movimiento circular que, lejos de cerrarse sobre sí mismo, avanza en una espiral descendente hacia el abismo. No hay redención posible, solo una profundización constante en el fango de la propia ineptitud y el desprecio ajeno.

El entorno en el que se mueve Kilian es una ciudad que actúa como un organismo vivo y hostil. Torices retrata una urbe laberíntica, saturada de hormigón, ruido y una burocracia asfixiante que anula cualquier atisbo de individualidad. En este escenario, el protagonista intenta desesperadamente encajar o, al menos, ser reconocido, pero cada uno de sus movimientos genera una reacción en cadena de malentendidos y violencia, tanto física como psicológica. La aparición de personajes secundarios, como el inquietante y carismático "Perro", no hace sino acentuar la sensación de desamparo de Kilian, convirtiendo su búsqueda de conexión en una pesadilla surrealista.

Desde el punto de vista técnico, *Hélice* es un despliegue de virtuosismo gráfico. Marc Torices utiliza una estética que muta según las necesidades emocionales del relato. El autor juega con una dualidad fascinante: por un lado, emplea un diseño de personajes que remite al *cartoon* clásico y a la tradición del "funny animal", pero lo subvierte al situarlos en contextos de una crudeza insoportable. Esta disonancia cognitiva entre la forma (amable, redondeada) y el fondo (sucio, violento, deprimente) genera una tensión constante en el lector.

El estilo visual de la obra no es estático. Torices transita desde composiciones de página densas y abigarradas, que transmiten la claustrofobia de la vida en la oficina o el transporte público, hasta secuencias de un detallismo grotesco que rozan el horror corporal. El uso del color es igualmente narrativo; las paletas cambian para subrayar estados de ánimo o para diferenciar planos de realidad, moviéndose entre tonos apagados y explosiones cromáticas que resultan casi agresivas. La hibridación de estilos —que van desde la línea clara más pura hasta el trazo sucio del *underground*— convierte a la obra en un catálogo de las posibilidades expresivas del medio.

Temáticamente, el cómic explora la falta de empatía en la sociedad actual. Kilian no es necesariamente un "buen hombre" víctima de las circunstancias; es un personaje patético, a menudo egoísta y torpe, lo que impide una identificación romántica por parte del lector. Sin embargo, es precisamente esa falta de heroísmo lo que hace que su caída sea tan verosímil y dolorosa. *Hélice* habla sobre la imposibilidad de comunicación, el peso de las expectativas sociales y cómo la arquitectura de nuestras ciudades y sistemas laborales está diseñada para triturar a aquellos que no pueden seguir el ritmo.

En definitiva, *H

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