Hablar de "Hazañas Bélicas" es invocar uno de los pilares fundamentales de la historia del noveno arte en España. Esta recopilación de los Almanaques publicados entre 1951 y 1966 no es solo un compendio de historietas de guerra; es un testimonio gráfico de una época, una cumbre del dibujo técnico y una lección de narrativa humanista que trascendió las fronteras del género bélico convencional.
Bajo el sello de la mítica Ediciones Toray, y con la figura imponente de Guillermo Sánchez Boix, alias "Boixcar", como arquitecto principal, estos Almanaques representaban el evento editorial más esperado del año para los lectores de la posguerra y el desarrollismo español. Mientras que las entregas ordinarias ofrecían dosis semanales de heroísmo, los Almanaques eran objetos de deseo: volúmenes de mayor grosor, con portadas espectaculares y una calidad de producción que permitía un despliegue artístico sin precedentes.
La sinopsis de este periodo nos sitúa en los diversos frentes de la Segunda Guerra Mundial, el conflicto de Corea y otros escenarios internacionales. Sin embargo, lo que define a estas historias no es la estrategia militar ni el triunfo de un bando sobre otro, sino el factor humano. Boixcar revolucionó el cómic bélico al alejarse de la propaganda barata. En sus páginas, el "enemigo" no era una caricatura malvada, sino a menudo otro soldado atrapado por las circunstancias, con miedos, familia y un código de honor propio. Esta perspectiva humanista, casi existencialista, convirtió a "Hazañas Bélicas" en una obra profundamente moral donde el verdadero protagonista es el sacrificio, la camaradería y la tragedia intrínseca de la violencia.
Desde el punto de vista visual, los Almanaques de 1951 a 1966 muestran la evolución de un estilo inconfundible. El dibujo de Boixcar es una oda al detalle. Su dominio del sombreado mediante el uso de tramas manuales, puntos y rayas crea una atmósfera densa, casi cinematográfica. Los aficionados al rigor histórico encontrarán aquí una enciclopedia visual: los tanques Panzer, los cazas Spitfire, los uniformes y el armamento están recreados con una precisión técnica que parece más propia de un ingeniero que de un dibujante. Cada viñeta es una composición equilibrada donde el paisaje —ya sea el barro de las trincheras europeas o las selvas del Pacífico— juega un papel narrativo crucial.
A medida que avanzamos por los años sesenta, la serie también refleja el cambio en los gustos del público y la incorporación de otros grandes artistas que, bajo la sombra y el estilo marcado por Boixcar, mantuvieron el listón muy alto. La narrativa se vuelve más dinámica, pero sin perder esa esencia de "relato corto" autoconclusivo que termina con una moraleja o una reflexión amarga sobre la condición humana. No hay finales felices gratuitos; hay finales justos o, en su defecto, finales que invitan a la reflexión del lector.
Esta etapa (1951-1966) es considerada la Edad de Oro de la cabecera. En estos Almanaques se encuentran algunas de las mejores historias cortas jamás escritas en el cómic español. Son relatos que funcionan como cápsulas del tiempo, donde la épica se mezcla con la melancolía. El lector no solo asiste a una batalla; asiste al dilema de un hombre que debe decidir entre su deber y su conciencia.
En conclusión, el volumen que recoge los Almanaques de "Hazañas Bélicas" de este periodo es una pieza de coleccionista imprescindible. Es la oportunidad de observar cómo el cómic español alcanzó una madurez expresiva envidiable, capaz de tratar temas complejos con una elegancia visual que, décadas después, sigue resultando moderna. Es, en definitiva, un homenaje al arte de contar historias donde el estruendo de las bombas nunca logra apagar la voz de la humanidad. Un viaje nostálgico y fascinante por el corazón de la aventura y el drama bélico.