Hazañas Bélicas: El humanismo entre el estruendo de la metralla
Hablar de *Hazañas Bélicas* es invocar uno de los pilares fundamentales de la historia del noveno arte en España. Surgida en 1948 de la mano del legendario Guillermo Sánchez Boix, más conocido como Boixcar, esta cabecera no solo definió el género bélico en la península, sino que se convirtió en un fenómeno sociológico que trascendió las viñetas para instalarse en el imaginario colectivo de varias generaciones. Publicada originalmente por Ediciones Toray, la serie es un testimonio gráfico de una época y una forma de entender la narrativa visual que aún hoy sorprende por su rigor y su calado emocional.
La premisa de *Hazañas Bélicas* es, en apariencia, sencilla: una serie de relatos antológicos ambientados, en su gran mayoría, en los diversos frentes de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, lo que diferencia a esta obra de sus contemporáneas internacionales es su enfoque. Mientras que el cómic bélico estadounidense de la época solía caer en la propaganda o en el heroísmo hiperbólico, Boixcar dotó a sus historias de un profundo sentido humanista. En sus páginas, la guerra no es un escenario de gloria vacía, sino un catalizador de tragedias, actos de abnegación y dilemas morales.
El verdadero protagonista de *Hazañas Bélicas* no es un soldado invencible, sino el ser humano enfrentado a la aniquilación. Boixcar tenía la insólita capacidad de mostrar la nobleza tanto en el bando aliado como en el del Eje, huyendo de maniqueísmos simplistas. Sus historias a menudo se centran en el sacrificio personal, la camaradería en condiciones extremas y el respeto por el adversario. No es raro encontrar relatos donde el clímax no es una explosión, sino un gesto de piedad entre enemigos que reconocen su humanidad compartida en medio del barro y la sangre.
Visualmente, el cómic es una obra maestra del detallismo técnico. Boixcar era un apasionado de la mecánica y la ingeniería, lo que se traducía en una representación asombrosamente precisa de tanques, aviones y armamento. Los Panzer, los cazas Spitfire o los portaaviones están dibujados con una minuciosidad casi documental. Pero más allá de la precisión técnica, destaca su uso del claroscuro y una técnica de sombreado manual —a menudo mediante un punteado finísimo— que otorgaba a las viñetas una atmósfera densa, casi cinematográfica. Sus composiciones de página, inicialmente en el formato apaisado típico de los "tebeos" de la posguerra, lograban una profundidad de campo que sumergía al lector en las trincheras o en las cabinas de pilotaje.
Con el paso de los años, la serie evolucionó. Tras la etapa dorada de Boixcar, otros autores de enorme talento como Alan Doyer o José María Jorge continuaron el legado, adaptándose a los cambios de formato (del cuaderno apaisado al vertical) y expandiendo los escenarios a conflictos como la Guerra de Corea o Vietnam. No obstante, el espíritu original de la obra —esa mezcla de rigor histórico y lección moral— se mantuvo como el sello de identidad de la casa.
*Hazañas Bélicas* es, en definitiva, una lectura imprescindible para entender la evolución del cómic europeo. Es una obra que logra equilibrar el espectáculo de la acción bélica con una reflexión melancólica sobre la condición humana. Para el lector actual, acercarse a estas páginas es descubrir un arte que, pese a las limitaciones de censura y producción de su tiempo, logró alcanzar cotas de maestría visual y narrativa que siguen resultando vigentes. Es un recordatorio de que, incluso en el corazón del conflicto más oscuro de la historia, siempre hay espacio para una historia de dignidad. Una joya del patrimonio cultural que merece ser reivindicada por cualquier amante de la narrativa gráfica con mayúsculas.