Hazañas Bélicas representa uno de los hitos más significativos y duraderos de la historieta española, consolidándose como el referente absoluto del género bélico desde su aparición en 1948. Publicada originalmente por Ediciones Toray, esta obra es indisociable de la figura de su creador y principal impulsor, Guillermo Sánchez Boix, conocido universalmente por su seudónimo: Boixcar. Su relevancia no solo reside en su longevidad, sino en la evolución técnica y narrativa que introdujo en el mercado del "tebeo" de la posguerra.
La serie se estructura como una antología de relatos autoconclusivos que, en su etapa inicial, se centraban casi exclusivamente en los conflictos de la Segunda Guerra Mundial. A diferencia de otras publicaciones contemporáneas que buscaban la exaltación patriótica o el maniqueísmo político, *Hazañas Bélicas* se distinguió por un enfoque que los expertos denominan "humanismo bélico". Las historias de Boixcar no se limitaban a la glorificación del combate; a menudo ponían el foco en el sufrimiento del soldado individual, el sentido del deber, el sacrificio y, sorprendentemente para la época, mostraban un respeto inusual por el adversario, humanizando a combatientes de ambos bandos.
Desde el punto de vista visual, el cómic supuso una revolución. Boixcar desarrolló un estilo detallista y meticuloso, caracterizado por un uso magistral del claroscuro y una técnica de rayado que aportaba una textura casi fotográfica a las viñetas. Su obsesión por el rigor documental lo llevaba a reproducir con exactitud técnica tanques, aviones, buques y armamento ligero. Los Panzer, Spitfires y Jeeps no eran meros fondos, sino elementos protagonistas dibujados con precisión de ingeniero. Este realismo gráfico, sumado a una composición de página que aprovechaba el formato apaisado (el clásico "cuadernillo" de 17×24 cm), permitía una inmersión profunda en los escenarios de las Ardenas, el desierto del norte de África o las islas del Pacífico.
La trayectoria editorial de *Hazañas Bélicas* se divide en varias etapas clave. La primera época (1948-1958) es la más valorada por el coleccionismo, donde Boixcar ejercía como autor total (guion y dibujo). Tras el éxito masivo, la serie se expandió y diversificó. En los años 60, bajo el formato de "Novela Gráfica" de Toray, la cabecera adoptó un tamaño vertical y se dividió en colecciones identificadas por colores: la Serie Azul y la Serie Roja. En esta fase, el equipo artístico se amplió para satisfacer la demanda, incorporando a dibujantes de la talla de Alan Doyer, José Espinosa o Juan Martínez Osete, quienes mantuvieron el estándar de calidad pero aportaron matices estilísticos diferentes.
Narrativamente, el cómic evitaba los protagonistas fijos. Cada número presentaba un nuevo escenario y nuevos personajes, lo que permitía explorar la guerra desde múltiples perspectivas: el as de la aviación, el tanquista atrapado tras las líneas enemigas o el soldado de infantería en una trinchera olvidada. Esta estructura antológica garantizaba que el interés no decayera, renovando constantemente el conflicto dramático. Aunque la Segunda Guerra Mundial fue el núcleo central, con el tiempo la serie también abordó otros escenarios contemporáneos como la Guerra de Corea o conflictos ficticios inspirados en la Guerra Fría.
Otro elemento distintivo de la obra fue su capacidad para sortear las limitaciones de la censura de la época mediante un tono moralizante que, si bien era conservador, priorizaba valores universales como la camaradería y el