Harker, la creación de Roger Gibson (guion) y Vince Danks (dibujo), es una de las joyas más sólidas y, a menudo, infravaloradas del cómic independiente británico contemporáneo. Publicada originalmente bajo su propio sello, Ariel Press, y posteriormente recogida por Titan Comics, la obra se aleja de los tropos habituales del género de superhéroes para sumergirse de lleno en el *police procedural* (procedimiento policial) con un tono que evoca las mejores producciones de misterio de la televisión británica, pero con una identidad visual y narrativa puramente secuencial.
La serie sigue las investigaciones del Inspector Jefe (DCI) Harker y su asistente, el Sargento Critchley. A primera vista, la dinámica puede parecer la clásica pareja de detectives opuestos, pero Gibson dota a ambos de una profundidad que evita el cliché. Harker es un hombre de una inteligencia punzante, misántropo, obsesivo y con una dieta basada casi exclusivamente en sándwiches y café de dudosa calidad. No es un héroe de acción; es un analista meticuloso que desprecia la burocracia y las distracciones modernas. Por su parte, Critchley actúa como el ancla emocional y el nexo con el mundo real, aportando un equilibrio necesario y una paciencia infinita ante las excentricidades de su superior.
El primer gran arco argumental, titulado "The Book of Lies" (El libro de las mentiras), establece el tono de la serie. La historia comienza en Whitby, una localidad costera con profundas conexiones literarias con el *Drácula* de Bram Stoker. Sin embargo, lejos de abrazar lo sobrenatural de forma directa, la trama se centra en una serie de asesinatos rituales que parecen apuntar a una secta satánica. Lo que hace que *Harker* destaque es cómo maneja esta premisa: mientras que otros cómics se perderían en la fantasía, Gibson y Danks mantienen los pies en el suelo, centrándose en la investigación forense, los interrogatorios y la deducción lógica. El misterio es complejo y está diseñado para que el lector intente resolverlo a la par que los protagonistas.
Visualmente, el trabajo de Vince Danks es extraordinario y fundamental para la atmósfera de la obra. Su estilo se caracteriza por un realismo meticuloso, con un uso del blanco y negro (en sus ediciones originales) que resalta la arquitectura de las localizaciones británicas. Danks no escatima en detalles; los escenarios —ya sean las calles empedradas de Whitby o las oficinas cargadas de archivos en Londres— se sienten vivos y auténticos. El dibujo tiene una cualidad cinematográfica, utilizando encuadres que enfatizan la soledad de los personajes o la tensión de una conversación en una habitación cerrada. La expresividad facial es otro de sus puntos fuertes, permitiendo que gran parte de la narrativa y del humor seco de la serie se transmita a través de gestos sutiles.
El ritmo de *Harker* es pausado, permitiendo que los diálogos respiren. Roger Gibson escribe conversaciones que fluyen con naturalidad, cargadas de un humor británico muy particular: seco, cínico y a menudo autocrítico. No hay grandes explosiones ni persecuciones frenéticas; el conflicto reside en el choque de personalidades y en la resolución de un rompecabezas intelectual. La serie logra capturar esa sensación de "confort" que ofrecen las novelas de misterio clásicas, pero con un barniz moderno y una ejecución técnica impecable.
En resumen, *Harker* es un cómic para lectores que buscan una narrativa madura, centrada en el desarrollo de personajes y en tramas detectivescas bien construidas. Es una obra que celebra el género policial desde una perspectiva británica, combinando el respeto por la tradición del misterio con una sensibilidad artística contemporánea. Sin recurrir a artificios ni a giros de guion tramposos, Gibson y Danks logran mantener el interés a través de la pura competencia narrativa y un apartado visual que invita a detenerse en cada viñeta. Es, en esencia, una lectura obligada para los aficionados al suspense que valoran la sustancia por encima del espectáculo.