Happy

Publicado originalmente entre 2012 y 2013 por Image Comics, *Happy!* representa una de las colaboraciones más crudas y fascinantes de la industria del cómic contemporáneo, uniendo el guion disruptivo de Grant Morrison con el dibujo visceral y detallado de Darick Robertson. Esta miniserie de cuatro números se aleja de las narrativas superheroicas convencionales para sumergirse en un relato de género negro con tintes surrealistas, ambientado en una versión decadente y gélida de la ciudad de Nueva York durante las festividades navideñas.

La historia presenta a Nick Sax, un hombre que personifica el fracaso absoluto. Sax es un exdetective de la policía, una vez brillante, que ha caído en una espiral de autodestrucción, convirtiéndose en un sicario a sueldo cínico, alcohólico y desahuciado. Su existencia se reduce a sobrevivir entre callejones mugrientos, enfrentándose a mafiosos y lidiando con una salud física y mental que se desmorona a cada paso. La narrativa comienza con un encargo que sale terriblemente mal, dejando a Sax herido de bala, sufriendo un infarto y perseguido tanto por la mafia como por fuerzas policiales corruptas que desean silenciarlo.

Es en este estado de delirio y agonía donde el cómic introduce su elemento más disruptivo: Happy. Happy es un pequeño caballo azul, alado y de ojos enormes, que parece haber escapado de una caricatura infantil de los años cincuenta. Este personaje, que solo Sax puede ver y oír, afirma ser el amigo imaginario de una niña llamada Hailey, quien ha sido secuestrada por un individuo perturbado disfrazado de Santa Claus. La dinámica central de la obra se construye sobre el choque violento entre estos dos polos opuestos: el cinismo terminal de Sax, que solo desea morir en paz o seguir matando para sobrevivir, y el optimismo inquebrantable y desesperado de Happy, que necesita que Sax se convierta en el héroe que alguna vez fue para salvar a la pequeña.

El guion de Grant Morrison utiliza esta premisa para subvertir los tropos clásicos de las historias de redención navideña. A diferencia de un cuento de Dickens, aquí no hay una transformación mágica inmediata; el camino de Sax está pavimentado con violencia extrema, diálogos mordaces y una atmósfera de suciedad moral que impregna cada página. Morrison explora la idea de la esperanza no como un sentimiento reconfortante, sino como una carga molesta y dolorosa para alguien que ya se había rendido.

El apartado visual de Darick Robertson es fundamental para el éxito de la propuesta. Conocido por su trabajo en *The Boys* y *Transmetropolitan*, Robertson utiliza su estilo detallado y sucio para retratar una ciudad que parece exudar grasa y desesperanza. El contraste visual es impactante: mientras que el mundo de Sax está lleno de texturas rugosas, sangre, sudor y fealdad urbana, la figura de Happy es limpia, de colores planos y formas redondeadas. Esta disonancia visual refuerza constantemente la duda sobre la cordura del protagonista y subraya la intrusión de la inocencia en un entorno de depravación absoluta.

La trama avanza como un *thriller* de ritmo frenético, una carrera contra el reloj donde Sax debe navegar por los bajos fondos de la ciudad mientras lidia con las constantes interrupciones de su acompañante imaginario. El cómic no escatima en mostrar la crueldad del mundo real, enfrentando al lector a temas oscuros como la corrupción institucional y la vulnerabilidad de la infancia, todo bajo el filtro de una comedia negra muy ácida.

*Happy!* funciona como una deconstrucción del antihéroe moderno. A través de sus cuatro números, la obra plantea si es posible encontrar un rastro de humanidad en un hombre que lo ha perdido todo, y si la imaginación y la fe —representadas por el pequeño caballo azul— tienen cabida en una realidad que parece haberlas erradicado. Es una lectura intensa, visualmente impactante y narrativamente compacta que utiliza lo fantástico para resaltar la crudeza de lo real, consolidándose como una pieza imprescindible para quienes buscan una visión alternativa y madura del género negro en el noveno arte.

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