Hamramr

Hamramr, la obra escrita y dibujada por el autor español Ertito Montana, se erige como una de las propuestas más viscerales y crudas dentro del panorama del cómic contemporáneo de temática vikinga. El título, que hace referencia directa a un concepto de la mitología nórdica —aquellos individuos capaces de cambiar de forma o cuya alma puede abandonar el cuerpo para adoptar una apariencia bestial—, establece desde la primera página el tono de una historia donde la línea entre la humanidad y la animalidad es prácticamente inexistente.

La trama nos sitúa en el siglo IX, en una Escandinavia implacable, y sigue los pasos de Bjorn, un guerrero que carga con una condición que es tanto una bendición en el campo de batalla como una maldición para su espíritu. Bjorn no es un héroe en el sentido clásico; es un hombre atormentado, un paria que intenta navegar por un mundo regido por el acero, el honor de sangre y la voluntad caprichosa de los dioses antiguos. La narrativa arranca con una premisa de supervivencia y búsqueda, donde el protagonista debe enfrentarse no solo a los elementos y a enemigos humanos, sino a la propia naturaleza salvaje que late en su interior.

El núcleo argumental de *Hamramr* se centra en la dualidad. Por un lado, tenemos el contexto histórico y social de la era vikinga: las incursiones, las jerarquías de poder y la brutalidad cotidiana. Por otro, el cómic se adentra en el terreno de la fantasía oscura y el horror folclórico. La transformación de Bjorn, el "Hamramr", no se presenta de forma heroica o estética, sino como un proceso doloroso, sucio y traumático. Es una manifestación de la furia ciega que, una vez desatada, no distingue entre aliados y enemigos, dejando tras de sí un rastro de carnicería que el protagonista debe procesar en sus momentos de lucidez.

Visualmente, el trabajo de Ertito Montana es el pilar fundamental que sostiene la atmósfera de la obra. Utilizando un blanco y negro de alto contraste, el autor logra transmitir la frialdad del clima nórdico y la oscuridad de los bosques profundos. El dibujo es cinético y agresivo; las escenas de acción están narradas con una energía desbordante donde la anatomía se deforma para enfatizar el impacto de cada golpe. El uso de las sombras no es meramente estético, sino narrativo, ocultando y revelando la monstruosidad de los personajes según el peso de sus actos. La ausencia de color refuerza la sensación de un mundo binario: vida o muerte, hombre o bestia.

A diferencia de otras obras del género que se pierden en la exposición excesiva de datos históricos, *Hamramr* opta por una narrativa visual económica. Los diálogos son parcos, directos y cargados de fatalismo. Montana confía en la capacidad del lector para interpretar el lenguaje corporal de Bjorn y la desolación de los paisajes. La historia avanza con un ritmo implacable, similar a una marcha de guerra, donde cada encuentro violento sirve para profundizar en la psicología de un hombre que ha perdido su lugar en la sociedad y que solo encuentra propósito en el conflicto.

El cómic también explora la espiritualidad nórdica desde una perspectiva terrenal y sangrienta. Los dioses no son figuras distantes y brillantes, sino fuerzas de la naturaleza que exigen sacrificios y que se manifiestan a través de la violencia y el destino (el *Wyrd*). Bjorn es un peón en un juego de fuerzas que apenas comprende, lo que añade una capa de tragedia existencial a su viaje. Su lucha por mantener un resto de conciencia humana mientras su cuerpo le exige convertirse en depredador es el motor emocional que evita que la obra sea simplemente un despliegue de violencia gratuita.

En definitiva, *Hamramr* es una pieza de narrativa gráfica que destaca por su honestidad brutal. Es un relato de venganza, identidad y supervivencia que despoja al mito vikingo de cualquier romanticismo moderno para devolverlo a sus raíces más primarias y aterradoras. Es una lectura esencial para quienes buscan un cómic de autor con una identidad visual fortísima y una historia que no hace concesiones al lector, manteniéndolo en tensión hasta la última viñeta.

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