Hagase el Caos

Hágase el Caos, obra cumbre de la narrativa gráfica española contemporánea, es el resultado de la colaboración entre dos de los autores más influyentes del medio en España: el guionista Felipe Hernández Cava y el dibujante Federico del Barrio. Publicada originalmente a principios de los años 90, esta obra se erige como un complejo artefacto narrativo que trasciende las convenciones del género de espionaje y el *noir* para adentrarse en las profundidades de la desmemoria histórica, la identidad fragmentada y la reconstrucción moral de una Europa devastada tras la Segunda Guerra Mundial.

La trama se sitúa en un escenario geopolítico convulso: la Europa de la posguerra, un territorio de escombros físicos y éticos donde las potencias vencedoras comienzan a trazar las líneas invisibles de lo que pronto se conocería como la Guerra Fría. El protagonista es un hombre conocido simplemente como "Caos", un ejecutor profesional, un agente de las sombras cuya función es eliminar a aquellos individuos que resultan incómodos para el nuevo orden que se está gestando. Sin embargo, Caos no es un asesino convencional de las novelas de género; es un hombre sin rostro definido, un sujeto cuya propia biografía parece haber sido borrada o reescrita por las instancias de poder para las que trabaja.

La narrativa de Hernández Cava se aleja de la linealidad tradicional para proponer un rompecabezas de tiempos y espacios. A través de una estructura fragmentada, el lector acompaña a Caos en una serie de misiones que lo llevan por ciudades como Berlín o Praga, escenarios que funcionan no solo como decorados, sino como representaciones de la psique del protagonista y del continente. La misión central que vertebra la obra obliga al protagonista a enfrentarse a los fantasmas del pasado nazi y a la hipocresía de las democracias occidentales y el bloque soviético, que no dudan en reciclar antiguos verdugos si estos resultan útiles para sus intereses estratégicos.

En el apartado visual, Federico del Barrio realiza un trabajo magistral que redefine el lenguaje del cómic español de la época. Su estilo, heredero de la síntesis de la "línea clara" pero imbuido de una atmósfera expresionista y sombría, utiliza el claroscuro de manera dramática para subrayar la ambigüedad moral de la historia. Del Barrio emplea una puesta en página rigurosa, a menudo basada en una retícula fija que, lejos de limitar la acción, potencia la sensación de claustrofobia y determinismo que rodea a los personajes. El dibujo no solo ilustra el guion, sino que aporta capas de significado mediante el uso de metáforas visuales, silencios prolongados y una arquitectura urbana que parece observar y juzgar a los protagonistas.

Uno de los pilares fundamentales de Hágase el Caos es su reflexión sobre la memoria. La obra plantea cómo los Estados construyen relatos oficiales para sepultar verdades incómodas, y cómo el individuo, atrapado en esa maquinaria, corre el riesgo de convertirse en una mera herramienta despojada de voluntad. El personaje de Caos encarna la tragedia de la pérdida de la identidad individual frente a la razón de Estado. A medida que avanza la trama, la búsqueda de sus objetivos se confunde con una búsqueda personal, casi metafísica, sobre quién es él realmente y qué papel juega en un mundo donde la verdad es una mercancía maleable.

Sin recurrir a giros efectistas ni a la acción gratuita, el cómic mantiene una tensión intelectual constante. Es una obra densa, que exige una lectura atenta y que recompensa al lector con una profundidad temática inusual en el medio. No se limita a contar una historia de conspiraciones políticas, sino que disecciona el alma de una época y cuestiona los cimientos sobre los que se edificó la Europa moderna.

En conclusión, Hágase el Caos es una pieza indispensable para entender la evolución del cómic adulto en España. Representa la madurez de un lenguaje capaz de abordar temas filosóficos y políticos con una sofisticación técnica envidiable. La sinergia entre el guion literario y reflexivo de Cava y la narrativa visual vanguardista de Del Barrio convierte a este título en un referente absoluto, una reflexión cruda y necesaria sobre el poder, la culpa y el silencio que sigue resonando con fuerza décadas después de su creación.

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