En el vasto y a menudo solemne panorama del cómic de fantasía heroica, surge una obra que decide desenvainar el acero no solo para combatir monstruos, sino para diseccionar con humor y agudeza los cimientos del género. "Hacha y Espada", la obra creada por el guionista Sergio Morán y el dibujante Iñaki Tejero, se presenta como una refrescante anomalía que combina la aventura clásica de "espada y brujería" con una sensibilidad moderna, cínica y profundamente divertida.
La premisa de la obra nos sitúa en un mundo que cualquier jugador de rol o lector de Tolkien reconocería al instante: una tierra de tabernas oscuras, mazmorras peligrosas, magos de dudosas intenciones y criaturas que acechan en cada esquina. Sin embargo, el enfoque de Morán y Tejero no busca la épica trascendental de salvar el mundo, sino que se centra en la cotidianidad, a menudo precaria y absurda, de la vida del aventurero profesional.
Los protagonistas, cuyos nombres dan título a la obra, forman una de las parejas más carismáticas del cómic español contemporáneo. Hacha es una bárbara de fuerza descomunal, cuya filosofía de vida se resume en la acción directa y una honestidad brutal que a menudo raya en lo temerario. Por otro lado, Espada representa una faceta más técnica y, en teoría, civilizada del combate, aunque pronto descubrimos que en este mundo la supervivencia depende más de la picardía que de los códigos de caballería. La dinámica entre ambos es el motor narrativo de la serie; no es solo una relación de compañeros de armas, sino un choque constante de personalidades que refleja las contradicciones de un oficio donde la gloria suele ser escasa y las facturas, abundantes.
Lo que eleva a "Hacha y Espada" por encima de la parodia convencional es la inteligencia de su guion. Sergio Morán, veterano en el arte de la narrativa humorística (conocido por obras como *El Vosque*), utiliza los tropos del género —las misiones de recadero, el saqueo de cadáveres, la progresión de niveles— no solo para hacer chistes, sino para construir una crítica mordaz a las convenciones de la fantasía. El cómic explora la logística ridícula de las misiones épicas: ¿quién limpia las mazmorras después de que los héroes pasan? ¿Cómo funciona realmente la economía de un mundo donde todo el mundo parece vivir de encontrar cofres con oro?
Visualmente, el trabajo de Iñaki Tejero es el complemento perfecto para este tono. Su estilo es dinámico, con un diseño de personajes expresivo que permite que el humor físico brille tanto como los diálogos. Tejero logra un equilibrio difícil: sus escenas de acción son vibrantes y están bien coreografiadas, manteniendo la tensión necesaria para que el lector sienta el peligro, pero siempre dejando espacio para el remate cómico visual. El diseño del mundo se siente "sucio" y vivido, alejándose de la estética inmaculada de la alta fantasía para abrazar una realidad más terrenal y accidentada.
Sin caer en el *spoiler*, la estructura de sus historias suele seguir a este dúo de mercenarios mientras aceptan encargos que, sobre el papel, parecen sencillos, pero que inevitablemente se complican debido a la burocracia mágica, la incompetencia de sus clientes o la propia naturaleza caótica de los protagonistas. A través de sus peripecias, el lector descubre un ecosistema de personajes secundarios —desde nigromantes con problemas de gestión de personal hasta monstruos con crisis existenciales— que enriquecen un universo que se siente en constante expansión.
"Hacha y Espada" es, en definitiva, una lectura imprescindible para quienes aman la fantasía pero no temen reírse de ella. Es un cómic que entiende que la verdadera aventura no reside solo en matar al dragón, sino en decidir quién se queda con las escamas para pagar el alquiler de la posada. Con un ritmo endiablado y un ingenio que no da tregua, esta obra demuestra que, a veces, la mejor forma de rendir homenaje a un género es dándole la vuelta por completo y viendo qué cae de sus bolsillos. Es una celebración de la picaresca aplicada a la espada y la brujería, servida con un arte impecable y un corazón que late bajo cada golpe de hacha.