Groo – Muerte e Impuestos

Groo: Muerte e Impuestos (originalmente titulada *Groo: Death and Taxes*) es una de las obras más representativas y ácidas dentro de la extensa cronología de Groo el Errante, la creación definitiva de Sergio Aragonés. Publicada originalmente como una miniserie de cuatro números por Dark Horse Comics, esta entrega mantiene el equipo creativo legendario que ha dado forma al personaje durante décadas: Sergio Aragonés en el dibujo y la trama, Mark Evanier en los diálogos, Stan Sakai en la rotulación y Tom Luth en el color.

La premisa de este arco argumental sitúa a Groo, el bárbaro más incompetente y destructivo de la historia del cómic, en medio de una crisis que no puede resolverse con el simple acero de sus katanas: la economía y la burocracia estatal. La historia comienza cuando un reino, agotado por las guerras y la mala gestión de sus gobernantes, se encuentra al borde de la quiebra técnica. Para solucionar el vacío en las arcas reales, el Rey y sus consejeros deciden implementar un sistema de impuestos agresivo y absurdo que grava prácticamente cualquier actividad humana, desde el comercio hasta el simple hecho de existir.

Fiel a su estilo, Groo llega a este escenario no como un héroe, sino como un catalizador involuntario del caos. Acompañado por su fiel y excesivamente optimista perro Rufferto, Groo intenta comprender un concepto que escapa totalmente a su limitada capacidad intelectual: el valor del dinero y la obligación de entregarlo al Estado a cambio de nada tangible. Mientras que para el resto de los ciudadanos los impuestos son una tragedia, para Groo son un enigma que intenta resolver de la única forma que sabe: buscando trabajo, lo cual, dada su reputación de atraer desastres naturales y hundir barcos con solo pisar la cubierta, resulta ser la verdadera amenaza para la estabilidad del reino.

El guion de Evanier y Aragonés utiliza la figura del Sabio (The Sage) para actuar como el contrapunto intelectual y la voz de la razón, aunque, como es habitual, sus esfuerzos por educar a Groo o advertir a los gobernantes caen en saco roto. La narrativa se estructura como una sátira mordaz sobre la voracidad fiscal y la corrupción política. A través de los ojos de Groo, el lector observa cómo la maquinaria del gobierno intenta exprimir a una población que ya no tiene nada que dar, mientras el protagonista, en su búsqueda de "dip de queso" (su comida favorita), termina desmantelando involuntariamente los planes de los recaudadores de impuestos.

Visualmente, "Muerte e Impuestos" es un festín para los amantes del detalle. El estilo de Sergio Aragonés, caracterizado por sus figuras dinámicas y sus fondos repletos de pequeños gags visuales, alcanza aquí una gran madurez. Cada viñeta de una multitud o de una batalla es un microcosmos de historias secundarias donde ocurren accidentes, robos o situaciones cómicas que no necesitan diálogo para funcionar. La capacidad de Aragonés para narrar el caos absoluto de forma legible es lo que eleva este cómic por encima de la parodia convencional de espada y brujería.

Un elemento fundamental de este tomo es la crítica social subyacente. Aunque Groo es un personaje cómico, la situación del reino refleja una realidad universal sobre el poder y la sumisión. Los autores logran que el lector empatice con los campesinos sufridores mientras se ríe de las desgracias que Groo provoca a los opresores. No hay spoilers al decir que, dondequiera que Groo vaya, la destrucción le sigue; sin embargo, en "Muerte e Impuestos", la destrucción no es solo física, sino institucional.

En resumen, "Groo: Muerte e Impuestos" es una lectura esencial que demuestra por qué este personaje ha sobrevivido durante más de cuarenta años en la industria. Es una obra que combina el humor "slapstick" más básico con una observación aguda sobre la naturaleza humana y las estructuras de poder. Para el lector, es una oportunidad de ver cómo el mayor guerrero del mundo se enfrenta a un enemigo que no puede decapitar: la oficina de recaudación de impuestos. Una pieza impecable de narrativa gráfica que equilibra perfectamente el arte detallado de Aragonés con el ingenio verbal de Evanier.

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