Grimm Fairy Tales presents – Madness of Wonderland ‘Ed Zenescope’ 2013

Dentro del vasto y oscuro multiverso de Zenescope Entertainment, la mitología de Wonderland se erige como uno de sus pilares más perturbadores y exitosos. Publicada en 2013, la miniserie *Grimm Fairy Tales presents: Madness of Wonderland* no es solo una extensión de este universo, sino una exploración profunda de la infección psíquica que representa el Reino de la Locura. Escrita por Dan Wickline y con el arte de Eman Casallos, esta obra se sitúa cronológicamente tras los eventos de la serie regular de *Wonderland*, funcionando como un thriller de horror procedimental que expande las consecuencias de haber abierto las puertas a una dimensión de pesadilla.

La trama se aleja inicialmente de los paisajes oníricos y surrealistas del Reino de Maravillas para anclarse en la cruda realidad de una ciudad asolada por crímenes inexplicables. El protagonista de esta historia es el detective Legrasse, un personaje que los lectores más atentos reconocerán por sus raíces en la literatura de H.P. Lovecraft, pero que aquí está perfectamente integrado en el tejido de Zenescope. Legrasse es un hombre pragmático, curtido por la violencia urbana, que se ve arrastrado a un caso que desafía toda lógica criminalística. La narrativa comienza con una serie de asesinatos brutales que parecen no tener un móvil racional, pero que comparten una firma estética y psicológica: la impronta de Wonderland.

El núcleo emocional y argumental de la obra reside en la figura de Violet Liddle. Como descendiente de la estirpe Liddle —la familia que ha servido de nexo y sacrificio para el Reino de la Locura durante generaciones—, Violet carga con un estigma genético y espiritual. En *Madness of Wonderland*, la locura no se presenta simplemente como un lugar físico al que se viaja a través de un espejo o un agujero de conejo, sino como una enfermedad contagiosa que se filtra en nuestra realidad. La historia explora cómo el trauma heredado de Alice y Calie Liddle se manifiesta en Violet, quien intenta desesperadamente llevar una vida normal mientras es acechada por ecos de un mundo que reclama su cordura.

A diferencia de otras entregas de la franquicia que se centran en la acción fantástica o el combate contra criaturas grotescas, este cómic apuesta por el horror psicológico y el suspense. El guion de Wickline maneja con maestría la tensión, construyendo una atmósfera de paranoia donde el lector, al igual que el detective Legrasse, comienza a cuestionar qué es real y qué es una proyección de la influencia de Wonderland. La estructura de la miniserie permite desgranar lentamente el misterio, revelando que los horrores de esa dimensión no necesitan manifestarse físicamente para destruir el mundo; basta con que infecten la mente de los vulnerables.

Visualmente, el trabajo de Eman Casallos mantiene la estética característica de Zenescope: un dibujo detallado, con un fuerte énfasis en la expresividad de los personajes y una paleta de colores que transita de los grises urbanos a los estallidos cromáticos violentos y distorsionados cuando la locura hace acto de presencia. El diseño de las escenas del crimen es particularmente efectivo, logrando transmitir una sensación de incomodidad que refuerza el tono de horror adulto de la serie. No se escatima en la crudeza, pero siempre al servicio de la narrativa de degradación mental que propone el título.

*Madness of Wonderland* es, en esencia, un estudio sobre la inevitabilidad del destino y la fragilidad de la mente humana frente a fuerzas incomprensibles. Para el lector que busca una historia autoconclusiva dentro del universo Grimm Fairy Tales, este cómic ofrece una puerta de entrada ideal al lado más oscuro de la mitología de Lewis Carroll reinterpretada. Es una pieza clave para entender que, en el universo de Zenescope, Wonderland no es un cuento de hadas que terminó mal, sino una herida abierta en la realidad que se niega a cicatrizar, consumiendo a todo aquel que se atreva a mirar demasiado cerca del abismo. La obra logra equilibrar el respeto por el canon establecido de la familia Liddle con una trama de investigación criminal que mantiene el interés hasta su última página, consolidándose como un capítulo imprescindible en la saga de la locura.

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