Gran Pulgarcito

Hablar de "Gran Pulgarcito" es sumergirse en una de las épocas más brillantes, ambiciosas y revolucionarias de la mítica Editorial Bruguera. Lanzada en enero de 1969, esta publicación no fue simplemente una revista más en el quiosco; fue la respuesta española al auge de las revistas de cómic europeas de gran formato, como la francesa *Pilote* o la belga *Spirou*. Como experto en el noveno arte, puedo afirmar que "Gran Pulgarcito" representó el "salto a la mayoría de edad" del tebeo español, buscando un equilibrio perfecto entre el humor castizo de la casa y la sofisticación del mercado franco-belga.

Desde el primer vistazo, el lector de finales de los sesenta comprendía que estaba ante algo especial. El adjetivo "Gran" no era gratuito: la revista presentaba un tamaño superior al de su hermana pequeña (la histórica revista *Pulgarcito*), un papel de mayor calidad y una impresión en color que permitía apreciar el detalle del dibujo como nunca antes. Fue el escaparate de lujo donde Bruguera decidió poner toda la carne en el asador, permitiendo a sus autores estrella experimentar con formatos más largos y complejos.

El corazón de "Gran Pulgarcito" latía al ritmo de la creatividad desbordante de la "Escuela Bruguera". Fue en estas páginas donde se produjo uno de los hitos más importantes de la historia del cómic español: el nacimiento de las aventuras largas de Mortadelo y Filemón. Aquí comenzó la serialización de *El sulfato atómico*, la obra maestra de Francisco Ibáñez. En esta etapa, el dibujo de Ibáñez alcanzó una detallismo y un dinamismo técnico influenciado directamente por el estilo *línea clara* y la escuela de Marcinelle, elevando a los agentes de la T.I.A. de simples personajes de gags de una página a héroes de aventuras épicas y cinematográficas.

Pero la revista era mucho más que Mortadelo. "Gran Pulgarcito" fue el hogar de personajes inolvidables que definieron el humor de una generación. Aquí vimos brillar a Sir Tim O'Theo, de Raf, una parodia exquisita de Sherlock Holmes ambientada en el imaginario pueblo de Bellotha Village, que destacaba por un dibujo elegante y un humor británico pasado por el tamiz español. También encontramos las disparatadas historias de La Residencia de los Líos, de José Escobar, o el surrealismo cotidiano de Don Pío, de Peñarroya. La revista permitía que autores como Figueras, con su Topolino, aportaran una estética más moderna y vanguardista, rompiendo con los moldes más rígidos del tebeo de posguerra.

Lo que realmente diferenciaba a "Gran Pulgarcito" de sus competidoras era su vocación internacional. La dirección editorial de Bruguera entendió que el público demandaba historias más complejas. Por ello, la revista se convirtió en un puente hacia Europa, incluyendo en sus páginas material de primera línea del mercado franco-belga. Los lectores españoles pudieron disfrutar de las aventuras de Astérix el Galo, el Teniente Blueberry, Achille Talon (conocido aquí como Facu) o Iznogud. Esta mezcla de la picaresca española con la aventura y el rigor narrativo europeo creó un producto híbrido fascinante que educó el gusto de miles de lectores.

Estructuralmente, la revista era un festín visual de unas 70 a 80 páginas (dependiendo del número) que combinaba secciones de texto, curiosidades y, sobre todo, una cantidad ingente de historietas. No se limitaba a la risa fácil; buscaba la maravilla, la intriga y el asombro. Era una revista que se guardaba, se coleccionaba y se releía, alejándose del concepto de "tebeo de usar y tirar".

A pesar de su altísima calidad, "Gran Pulgarcito" tuvo una vida relativamente corta, alcanzando los 84 números antes de ser absorbida por la nueva revista *Mortadelo* en 1970. Sin embargo, su impacto fue sísmico. Sentó las bases de lo que sería el cómic de autor en España durante la década de los 70 y demostró que los dibujantes españoles no tenían nada que envidiar a los grandes maestros internacionales.

En resumen, "Gran Pulgarcito" es una pieza de coleccionista esencial y un testimonio de una época en la que el cómic en España soñaba a lo grande. Es la crónica de un momento en que el talento local y la influencia europea se dieron la mano para crear una

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