Hablar de Gorgorito es adentrarse en una de las páginas más entrañables y fundamentales de la cultura popular española del siglo XX. Aunque muchos lo asocian inmediatamente con el teatro de títeres de Maese Villarejo, su traslación al mundo del noveno arte —el cómic o "tebeo"— consolidó a este personaje como un icono de la infancia para varias generaciones. Como experto en narrativa gráfica, es fascinante analizar cómo un personaje nacido de la tradición oral y el movimiento de los hilos logró capturar la esencia de la aventura en papel sin perder un ápice de su carisma.
La sinopsis de las aventuras de Gorgorito nos sitúa en un entorno que mezcla lo cotidiano con lo fantástico. El protagonista es un niño de apariencia sencilla, vestido de forma humilde pero pulcra, cuyo rasgo más distintivo es su valentía inquebrantable y su inseparable tirachinas. Gorgorito no es un superhéroe con poderes cósmicos, sino un héroe de la calle, un representante de la astucia y la bondad que utiliza su ingenio para enfrentarse a las injusticias que asolan a su comunidad o a los amigos que encuentra en su camino.
El núcleo narrativo de sus cómics suele girar en torno a la eterna lucha entre la inocencia y la malicia. Gorgorito vive en un mundo donde los bosques pueden esconder secretos y los castillos no siempre albergan a nobles bondadosos. Sus antagonistas son figuras arquetípicas pero profundamente memorables. Por un lado, tenemos al Ogro, una fuerza de la naturaleza bruta, torpe y glotona, que representa la amenaza física y el abuso de poder. Por otro lado, y quizás más icónica aún, se encuentra la Bruja Ciriaca, una villana de nariz ganchuda y planes retorcidos que utiliza la magia y el engaño para intentar salirse con la suya.
Lo que hace que el cómic de Gorgorito sea especial es su estructura de "justicia poética". En cada historieta, el lector acompaña al protagonista en una misión que suele comenzar con un acto de generosidad. Ya sea ayudando a la joven Rosalinda —personaje que a menudo encarna la bondad en peligro— o protegiendo a otros niños de las garras de Ciriaca, Gorgorito se lanza al peligro sin dudarlo. El ritmo de las viñetas imita la vivacidad del teatro: hay persecuciones, caídas cómicas (slapstick) y diálogos directos que rompen, en ocasiones, la cuarta pared para apelar a la moralidad del lector.
Visualmente, el cómic de Gorgorito destaca por su trazo limpio y expresivo, heredero de la escuela clásica del tebeo español. Los escenarios son coloridos y evocan una España rural y mágica a la vez, donde lo fantástico irrumpe en lo común de forma natural. El diseño de Gorgorito, con su gorra y su rostro siempre dispuesto a la sonrisa o al asombro, facilita una identificación inmediata con el público infantil. Es el niño que todos quisieran ser: aquel que no tiene miedo a los gigantes porque sabe que la inteligencia y un buen corazón son las mejores armas.
El tirachinas de Gorgorito merece una mención aparte. En el contexto del cómic, no es una herramienta de vandalismo, sino un símbolo de resistencia. Es el arma del pequeño contra el grande, del David contra el Goliat. Cada vez que Gorgorito tensa la goma de su tirachinas, el lector sabe que la justicia está a punto de ser impartida, generalmente de una forma humorística que despoja al villano de su dignidad y lo reduce a una figura patética y derrotada.
En conclusión, el cómic de Gorgorito es una pieza clave para