Global Frequency, escrita por el guionista británico Warren Ellis y publicada originalmente bajo el sello WildStorm de DC Comics entre 2002 y 2004, representa uno de los ejercicios narrativos más depurados y vanguardistas del cómic de principios del siglo XXI. La obra se estructura como una serie limitada de doce números independientes, cada uno funcionando como una unidad autoconclusiva que, en conjunto, construye un complejo mosaico sobre la seguridad global, la tecnología de vanguardia y la cooperación humana en situaciones límite.
La premisa central gira en torno a una organización de inteligencia independiente y no gubernamental llamada Frecuencia Global. Fundada y dirigida por la enigmática Miranda Zero, esta red está compuesta por exactamente 1.001 especialistas distribuidos por todo el planeta. Estos individuos no son agentes secretos tradicionales; son científicos, detectives, hackers, expertos en parkour, médicos, ingenieros y especialistas en las disciplinas más oscuras y específicas imaginables. La organización opera bajo un principio de descentralización absoluta: cuando surge una amenaza que los gobiernos convencionales no pueden o no quieren gestionar, Miranda Zero activa a los especialistas más cercanos o adecuados a través de un sistema de telefonía móvil personalizado.
El nexo de unión de toda la red es Aleph, una joven experta en comunicaciones que opera desde un centro de datos oculto, actuando como despachadora y soporte táctico para los agentes en el campo. La dinámica de cada número es frenética: se presenta una crisis —que puede variar desde un experimento científico fallido hasta una amenaza terrorista con tecnología de punta o un fenómeno inexplicable de origen incierto— y la Frecuencia Global tiene apenas unos minutos u horas para contener el desastre antes de que las consecuencias sean irreversibles para la humanidad.
Uno de los aspectos más distintivos de Global Frequency es su propuesta visual. Warren Ellis diseñó la serie para que cada número fuera ilustrado por un artista diferente, lo que permite que el tono visual se adapte a la naturaleza específica de cada misión. Entre los colaboradores se encuentran nombres de la talla de Steve Dillon, David Lloyd, Gene Ha, Glenn Fabry y Simon Bisley, entre otros. Esta rotación de artistas no solo aporta una riqueza estética inusual, sino que refuerza la idea de que estamos ante una red global diversa, donde cada incidente tiene su propia atmósfera, urgencia y textura.
Temáticamente, la obra es un exponente del "tecnothriller" con fuertes tintes de ciencia ficción especulativa. Ellis explora las ansiedades de la era post-Guerra Fría, centrándose en los peligros de la tecnología fuera de control, los secretos militares olvidados y la fragilidad de las infraestructuras modernas. A diferencia de otros cómics de la época, no hay superhéroes ni soluciones mágicas; hay profesionales altamente cualificados utilizando su ingenio y herramientas tecnológicas para resolver problemas humanos. La serie destila un pragmatismo cínico pero, al mismo tiempo, ofrece una visión optimista sobre la capacidad de individuos excepcionales para colaborar de forma altruista por el bien común, operando en las sombras de un sistema político que a menudo se muestra inoperante.
La edición completa de esta obra recoge los doce números que componen esta "antología de acción", permitiendo al lector apreciar la cohesión del universo creado por Ellis a pesar de la disparidad de sus historias. Es un cómic que prescinde de subtramas innecesarias y se enfoca en la ejecución técnica de la narrativa, con diálogos afilados y un ritmo cinematográfico que influyó notablemente en la televisión y el cine de acción posterior. Global Frequency se mantiene hoy como una obra vigente, un recordatorio de que el fin del mundo ocurre todos los días en algún rincón del globo, y que solo la intervención de personas extraordinarias, conectadas por una simple frecuencia, impide que el caos se generalice.