Ghostbusters: Legion es una miniserie de cuatro números que ocupa un lugar fundamental en la historia editorial de la franquicia. Publicada originalmente en 2004 por la editorial 88 MPH Studios, esta obra fue concebida para celebrar el vigésimo aniversario de la película original de 1984. Escrita por Andrew Dabb y dibujada por Steve Kurth, la historia se aleja del tono marcadamente caricaturesco de las series animadas para ofrecer una continuación directa, madura y cinematográfica de los eventos narrados en el primer filme.
La trama se sitúa cronológicamente seis meses después de la épica batalla contra Gozer el Gozeriano en la azotea del 55 de Central Park West. Nueva York ha cambiado; la existencia de lo sobrenatural ya no es una teoría marginal, sino una realidad aceptada que ha transformado a Peter Venkman, Ray Stantz, Egon Spengler y Winston Zeddemore en celebridades de la noche a la mañana. Sin embargo, el guion de Dabb se aleja del brillo de la fama para explorar las repercusiones logísticas y psicológicas de su nuevo estatus. Los Cazafantasmas están desbordados: el negocio es un caos administrativo, la fatiga física empieza a pasar factura y la ciudad, aunque agradecida, empieza a ver la actividad paranormal como una molestia cotidiana más que como un milagro científico.
El conflicto central de *Legion* arranca cuando una serie de incidentes sobrenaturales, aparentemente inconexos, comienzan a manifestarse con una intensidad y una inteligencia sin precedentes. A diferencia de las entidades aisladas que el equipo suele capturar, estos nuevos espectros parecen actuar bajo una suerte de coordinación o propósito común. La narrativa introduce un misterio de combustión lenta que gira en torno a una figura sombría que parece estar manipulando el tejido mismo de la realidad neoyorquina, desafiando los conocimientos científicos de Egon y la fe de Ray en el orden espiritual.
Uno de los puntos fuertes de este cómic es el tratamiento de los personajes. *Legion* profundiza en la dinámica del cuarteto de una manera que las películas, por limitaciones de tiempo, no siempre pudieron. Vemos a un Winston Zeddemore que lucha por encontrar su lugar en un equipo de científicos siendo él el "hombre común", a un Peter Venkman lidiando con las presiones de las relaciones públicas y a un Egon Spengler cuya obsesión por entender la nueva amenaza lo lleva al límite de su resistencia. La historia no solo trata sobre atrapar fantasmas, sino sobre el peso de la responsabilidad que conlleva ser los únicos protectores de una metrópolis frente a lo desconocido.
Visualmente, el trabajo de Steve Kurth es excepcional para la época. Su estilo busca un realismo sucio que captura perfectamente la estética de la Nueva York de los años 80. Los diseños de los equipos —mochilas de protones, trampas y el icónico Ecto-1— están renderizados con un nivel de detalle técnico que deleitará a los entusiastas de la franquicia. El uso de las sombras y una paleta de colores más sombría refuerzan la sensación de peligro inminente, alejándose de los colores vibrantes de *The Real Ghostbusters* para abrazar un tono de thriller sobrenatural.
*Ghostbusters: Legion* no es solo un ejercicio de nostalgia; es un intento serio de expandir el lore de la franquicia. Introduce conceptos sobre la naturaleza de la energía ectoplásmica y la jerarquía de las entidades que sentarían las bases para futuras interpretaciones en el medio impreso. La serie logra equilibrar el humor seco característico de la marca con momentos de genuina tensión y horror, presentando una amenaza que no puede ser resuelta simplemente cruzando los rayos. Es una lectura esencial para entender la evolución de los Cazafantasmas desde la gran pantalla hacia el universo expandido de las viñetas, ofreciendo una visión más cruda y técnica de lo que significa realmente mantener a raya a las legiones del más allá.