Gente Pequeña (The Perishers): Una odisea filosófica desde la acera
En el vasto panteón de las tiras cómicas clásicas, pocas obras logran capturar la esencia de la infancia con una mezcla tan perfecta de cinismo, ternura y surrealismo como lo hizo *Gente Pequeña* (originalmente titulada *The Perishers*). Creada por el guionista Maurice Dodd y el dibujante Dennis Collins (con el posterior e icónico trabajo de Bill Mevin), esta obra británica, que comenzó su andadura en el diario *Daily Mirror* en 1958, se convirtió en un fenómeno cultural que trascendió fronteras, encontrando un hogar muy especial en el corazón de los lectores hispanohablantes a través de publicaciones como el suplemento *Gente Menuda*.
Como experto en el noveno arte, es fascinante observar cómo *Gente Pequeña* se sitúa en una tríada espiritual junto a *Peanuts* de Charles M. Schulz y *Mafalda* de Quino. Sin embargo, mientras Schulz exploraba la angustia existencial y Quino la crítica sociopolítica, Dodd y Collins dotaron a sus personajes de una flema británica única y una capacidad asombrosa para transformar lo cotidiano en algo metafísico.
El escenario: Un universo en una manzana de casas
La premisa de *Gente Pequeña* es, en apariencia, sencilla: seguimos las andanzas de un grupo de niños que viven en un entorno suburbano típicamente británico. Sin embargo, lo que hace que esta obra destaque es su perspectiva. Los adultos son figuras prácticamente inexistentes, sombras lejanas que no intervienen en la lógica interna del grupo. Para estos niños, el mundo se reduce a su barrio, y los límites de su realidad están marcados por "La Gran Muralla" (que no es más que el bordillo de una acera) o el estanque local.
Esta limitación geográfica no es una carencia, sino una virtud narrativa. Al confinar a los personajes en un espacio reducido, el guion se ve obligado a expandir su mundo interior. Cada rincón del barrio se convierte en un escenario para la aventura, la reflexión o el absurdo.
Los protagonistas: Arquetipos de la inocencia y el ingenio
El alma de la serie reside en su elenco, un grupo de personajes tan bien definidos que se sienten vivos desde la primera viñeta.
* Maisie: Es, sin duda, la fuerza de la naturaleza del grupo. Mandona, decidida y a menudo con un temperamento volátil, Maisie rompe con los estereotipos femeninos de la época. No es una damisela, sino la líder indiscutible que mantiene a raya a los demás, especialmente a Marlon.
* Marlon: El soñador y, a menudo, el blanco de las iras de Maisie. Marlon vive en un estado de perpetua confusión y asombro. Es famoso por sus conversaciones con "Los Ojos en el Cielo" (Eyeballs in the Sky), una entidad que él percibe como superior y que dota a la tira de un tinte teológico y surrealista absolutamente brillante.
* Baby Grub: El miembro más joven, cuya principal motivación es la comida. Representa la pureza de los deseos infantiles, aunque a menudo muestra una sabiduría lacónica que desarma a los mayores.
* Wellington: Un perro de raza indeterminada que posee una inteligencia superior a la de muchos humanos. Wellington no es solo una mascota; es un observador cínico de la condición humana y canina. Sus soliloquios sobre la vida, la dignidad y su relación con su "dueño" son de lo mejor de la serie.
* Boot: El otro perro, un viejo y lanudo Bobtail que vive en su propio mundo de fantasía, creyéndose a menudo un animal diferente o un héroe de leyenda.
Temática y estilo visual
Lo que eleva a *Gente Pequeña* por encima de la tira cómica convencional es su capacidad para abordar temas complejos a través de la sencillez. La obra explora la soledad, la jerarquía social, el miedo a lo desconocido y la búsqueda de sentido en un universo que parece ignorar nuestra existencia. El recurso de Marlon hablando con las nubes es una de las metáforas más potentes del cómic del siglo XX sobre la relación del ser humano con la divinidad o el destino.
Visualmente, el trabajo de Collins y Mevin es una lección de economía narrativa. El dibujo es limpio, con un uso magistral del espacio en blanco que acentúa la sensación de inmensidad del mundo visto desde los ojos de un niño. Las expresiones faciales son sutiles pero increíblemente comunicativas, permitiendo que el humor repose tanto en el diálogo afilado de Dodd como en la reacción visual de los personajes.
Conclusión: Un clásico atemporal
Leer *Gente Pequeña* hoy en día no es solo un ejercicio de nostalgia; es una experiencia