Genética Grunge es una obra fundamental dentro del panorama del cómic de autor español de principios del siglo XXI, fruto de la colaboración entre el guionista Gabi Beltrán y el dibujante Tomeu Pinya. Publicada originalmente por Edicions de Ponent, esta novela gráfica se aleja de las convenciones heroicas o fantásticas para sumergirse en un realismo sucio, crudo y profundamente honesto, que retrata una época y una geografía muy concretas: la Palma de Mallorca de los años 90, vista desde sus márgenes.
La narrativa se articula como una crónica generacional que captura el desencanto de una juventud atrapada entre la inercia de la insularidad y la explosión de la cultura *grunge*. El título no es casual; hace referencia a una suerte de herencia inevitable, una predisposición casi biológica al fracaso, a la apatía o a la resistencia pasiva frente a un sistema que no ofrece salidas claras. La historia sigue los pasos de un grupo de jóvenes que transitan por la delgada línea que separa la madurez de la autodestrucción, moviéndose en un entorno donde las drogas, el alcohol y la música actúan tanto de refugio como de catalizadores de su propia decadencia.
El guion de Gabi Beltrán destaca por su capacidad para construir diálogos naturalistas y situaciones que respiran autenticidad. No busca la moraleja ni el juicio de valor; se limita a exponer la cotidianidad de unos personajes que parecen habitar en un tiempo suspendido. La trama elude las estructuras climáticas tradicionales para centrarse en la atmósfera y en la psicología de sus protagonistas. Es un relato de "no lugares": bares de mala muerte, habitaciones desordenadas, calles secundarias y descampados que conforman una cartografía emocional del aislamiento. La Mallorca que aquí se presenta no es la de las postales turísticas, sino una ciudad gris, húmeda y asfixiante que moldea el carácter de quienes la habitan.
En el apartado visual, Tomeu Pinya realiza un trabajo excepcional que termina de definir la identidad de la obra. Su dibujo, de trazo nervioso y expresivo, se aleja de la limpieza estética para abrazar una fealdad necesaria que sintoniza perfectamente con el espíritu del guion. El uso de las sombras y las texturas refuerza esa sensación de suciedad y pesadumbre que impregna cada página. Pinya logra capturar la languidez de los cuerpos y la mirada perdida de los personajes, dotándolos de una humanidad vulnerable. La composición de las viñetas y el ritmo narrativo contribuyen a crear una experiencia inmersiva, donde el silencio y los tiempos muertos tienen tanto peso como las conversaciones.
Temáticamente, *Genética Grunge* explora la pérdida de la inocencia y la búsqueda de identidad en un mundo que parece haber agotado sus promesas. La obra aborda la amistad como el único vínculo sólido en un entorno fragmentado, aunque incluso esos lazos se ven puestos a prueba por las adicciones y la falta de perspectivas. Existe una melancolía subyacente que recorre todo el cómic, una sensación de que el futuro ya ha llegado y no es lo que esperaban.
En definitiva, este cómic se posiciona como un ejercicio de memoria histórica y emocional. Es un testimonio de una generación que creció bajo la sombra del desencanto post-industrial y la crisis de valores de finales de siglo. *Genética Grunge* no solo es un retrato de la cultura juvenil de los 90, sino un análisis introspectivo sobre la herencia social y cómo el entorno geográfico y cultural puede determinar el destino de un individuo. Es una lectura esencial para quienes buscan en el noveno arte una narrativa adulta, introspectiva y despojada de artificios, que prefiere la verdad incómoda antes que la complacencia narrativa. Su relevancia reside en su capacidad para convertir lo local y lo personal en algo universal: el dolor y la incertidumbre de encontrar un lugar en el mundo.