GEI, la obra del autor e ilustrador valenciano Bernat Moreno, se erige como una de las piezas más singulares y evocadoras dentro del panorama del cómic de autor y el cuaderno de viaje contemporáneo en España. Publicada originalmente tras un exitoso proceso de micromecenazgo, esta novela gráfica no es solo un registro de un desplazamiento geográfico, sino una profunda meditación visual sobre la naturaleza del arte, la disciplina y la búsqueda de la identidad a través del paisaje japonés.
El título de la obra, GEI, funciona como el eje gravitacional de toda la narrativa. Lejos de las interpretaciones occidentales inmediatas, el término hace referencia al kanji japonés 芸 (Gei), que se traduce como «arte», «habilidad», «oficio» o «talento». Es la misma raíz que encontramos en palabras como *Geisha* (persona de las artes) o *Geijutsu* (arte). A partir de este concepto, Moreno despliega un relato introspectivo que documenta su estancia en Japón, huyendo de las convenciones de la guía turística para adentrarse en el terreno de la bitácora existencial.
La premisa de la obra sitúa al autor en un momento de transición vital y creativa. Bernat Moreno viaja a Japón no como un turista ávido de monumentos, sino como un observador silencioso que busca entender la devoción japonesa por la perfección técnica y la belleza de lo cotidiano. A través de sus páginas, el lector acompaña al protagonista por ciudades como Tokio, Kioto o Kanazawa, pero también por rincones rurales y espacios liminales donde el tiempo parece detenerse. El cómic se estructura como una sucesión de viñetas y composiciones a página completa que capturan momentos fugaces: el vapor de un cuenco de ramen, la arquitectura de un templo bajo la lluvia o la soledad de un vagón de tren de madrugada.
Desde el punto de vista técnico, GEI es un prodigio de la acuarela. Moreno renuncia a la línea de contorno rígida del cómic tradicional para abrazar una estética fluida, donde el color y la mancha definen el volumen y la atmósfera. La paleta de colores es deliberadamente contenida, evocando la melancolía y la serenidad que impregnan el viaje. El uso del espacio en blanco es fundamental, funcionando como un silencio narrativo que permite al lector respirar y procesar las reflexiones que el autor desgrana en textos breves, casi aforísticos, que acompañan a las imágenes.
La narrativa no sigue una estructura de conflicto y resolución clásica. En su lugar, se apoya en la deriva. El conflicto es interno: la lucha del artista contra sus propias limitaciones y la fascinación ante una cultura que eleva el oficio manual a la categoría de lo sagrado. Moreno explora el concepto del *Shokunin* (el artesano que dedica su vida a dominar un oficio) y lo contrapone a su propia experiencia como creador occidental en un mundo hiperconectado. Esta tensión dota al cómic de una capa de profundidad que trasciende lo meramente visual.
Otro aspecto relevante de GEI es su capacidad para capturar la dualidad de Japón. El autor evita caer en el orientalismo romántico, mostrando tanto la belleza sublime de la tradición como la frialdad de la modernidad urbana y la alienación social. Sin embargo, siempre lo hace desde una mirada empática y respetuosa, buscando el "Gei" en cada detalle, por insignificante que parezca.
En conclusión, GEI es una obra imprescindible para quienes buscan en el cómic una experiencia sensorial y reflexiva. Es un libro que se lee con la pausa que exige la observación de un cuadro. Bernat Moreno consigue que el lector no solo vea Japón a través de sus ojos, sino que sienta el peso del pincel y la incertidumbre del viajero que, al buscar el arte en lo ajeno, termina encontrándose a sí mismo. Es una celebración del dibujo como herramienta de conocimiento y una carta de amor a la búsqueda incansable de la maestría.