G

La obra titulada "G", creada por el veterano y maestro del noveno arte Daniel Torres, representa no solo un regreso a la vanguardia del cómic europeo, sino una culminación técnica y narrativa de una carrera dedicada a la exploración del espacio y la geometría. Publicada bajo el sello de Norma Editorial, esta novela gráfica se aleja de las estructuras convencionales del género de aventuras para adentrarse en un terreno donde la arquitectura, el existencialismo y el género negro se funden en una experiencia puramente visual y atmosférica.

La trama de "G" nos sitúa en un entorno urbano que es, en sí mismo, el protagonista absoluto de la función. El personaje que da nombre a la obra, G, es un individuo que se mueve por las entrañas de una metrópolis vasta, laberíntica y profundamente estilizada. G no es el héroe clásico de acción; es más bien un observador, un engranaje o quizás una anomalía dentro de un sistema perfectamente diseñado. Su misión, envuelta en un halo de misterio que se dosifica con precisión quirúrgica, lo lleva a recorrer niveles, pasillos y plazas que parecen extraídas de un sueño racionalista.

Desde el punto de vista narrativo, Torres propone un ejercicio de "slow burn" o combustión lenta. La historia no se apoya en diálogos expositivos ni en una acción frenética, sino en la capacidad del lector para interpretar los silencios y la disposición de los elementos en la página. La premisa nos presenta a un hombre que debe cumplir un encargo, un trayecto que parece sencillo en la superficie pero que, a medida que avanzamos, se revela como una odisea psicológica. La ciudad de "G" funciona como un organismo vivo que respira a través de sus conductos de ventilación y observa a través de sus ventanas simétricas.

El aspecto más destacado de la obra es, sin duda, su despliegue visual. Daniel Torres, máximo exponente de la "Nueva Escuela Valenciana" y heredero de la "Línea Clara", lleva su estilo a un nivel de depuración asombroso. En "G", la arquitectura no es un simple fondo; es la estructura narrativa. Cada viñeta está compuesta con una precisión técnica que recuerda a los planos de un arquitecto, pero con la calidez y la textura que solo el dibujo a mano puede conferir. El uso de la perspectiva es magistral, creando una sensación de profundidad que sumerge al lector en la inmensidad de la urbe, haciéndole sentir la misma pequeñez que experimenta el protagonista.

El color juega un papel fundamental en la construcción de la atmósfera. Torres utiliza una paleta que refuerza la naturaleza atemporal de la historia. Aunque hay elementos que remiten a un futuro distópico o a un pasado retro-futurista, "G" habita en un tiempo suspendido. Las sombras son densas y los contrastes lumínicos acentúan el tono de cine negro que impregna cada página. No es un noir de gabardinas y pistolas, sino un noir de conceptos, de soledad urbana y de la búsqueda de identidad en un mundo que parece haber sido construido para ignorar la escala humana.

Temáticamente, el

Deja un comentario