Fuera Borda

Para entender qué representa Fuera Borda, no debemos mirar hacia un solo personaje o una única trama lineal, sino hacia un fenómeno editorial que cambió la percepción del noveno arte en España durante la década de los ochenta. Como experto en el medio, describir *Fuera Borda* es hablar de una ventana abierta al color, a la aventura europea y a una sofisticación narrativa que, hasta ese momento, el lector juvenil español solo conocía de forma fragmentada.

Publicada originalmente por la mítica Editorial Bruguera en 1984 y continuada posteriormente por otros sellos como Grijalbo, *Fuera Borda* nació como una revista de antología, pero acabó convirtiéndose en el sello distintivo de la mejor escuela franco-belga (la *Bande Dessinée* o BD) en territorio hispano. Su propuesta era clara y ambiciosa: traer a España el espíritu de revistas legendarias como *Spirou* o *Tintin*, ofreciendo historias autoconclusivas y series por entregas de una calidad técnica y artística deslumbrante.

El Corazón de la Aventura

La sinopsis de *Fuera Borda* es, en esencia, un viaje a través de los géneros más vibrantes del cómic europeo. Al abrir sus páginas, el lector no se encontraba con un solo héroe, sino con un panteón de iconos. Aquí convivían la acción trepidante, el humor slapstick y la ciencia ficción más imaginativa.

Entre sus páginas destacaba la presencia de Lucky Luke, el vaquero más rápido que su propia sombra, cuyas historias combinaban la parodia del género western con un dibujo dinámico y elegante. Pero *Fuera Borda* era mucho más que el lejano oeste. Fue el hogar de Spirou y Fantasio, los eternos reporteros aventureros que, acompañados por el inclasificable Marsupilami, se enfrentaban a científicos locos y dictadores en selvas exóticas o ciudades europeas llenas de encanto.

El tono de la publicación oscilaba magistralmente entre lo infantil y lo juvenil-adulto. Por un lado, presentaba a Los Pitufos de Peyo, con su encantadora vida comunitaria y sus eternos conflictos con el brujo Gargamel; por otro, ofrecía series de corte más aventurero y técnico, como las peripecias de la azafata Natacha, un personaje que rompía moldes por su independencia y carisma, o las investigaciones de Benito Sansón, el niño cuya fuerza sobrehumana desaparecía cada vez que se resfriaba.

Un Estilo Visual Revolucionario

Lo que realmente definía a *Fuera Borda* era su estética. Para el lector acostumbrado al estilo más caricaturesco y a veces caótico de la escuela Bruguera tradicional (Mortadelo, Zipi y Zape), *Fuera Borda* supuso un choque de modernidad. Las páginas estaban dominadas por la "línea clara" y el estilo de la "Escuela de Marcinelle". Esto significaba dibujos anatómicamente más cuidados, fondos detalladísimos que transportaban al lector a castillos belgas o desiertos africanos, y una narrativa visual cinematográfica donde el movimiento se sentía en cada viñeta.

El color jugaba un papel fundamental. A diferencia de otras publicaciones de la época que sufrían de impresiones descuidadas, *Fuera Borda* apostaba por una paleta vibrante y rica, que realzaba la sensación de estar ante un producto de lujo, un "álbum" de coleccionista en formato revista.

El Espíritu de una Época

Sin entrar en detalles de tramas específicas para evitar spoilers de sus múltiples arcos argumentales, se puede decir que el hilo conductor de *Fuera Borda* era el optimismo. Sus historias, aunque a menudo planteaban peligros reales y villanos memorables, siempre estaban imbuidas de un sentido de la justicia, la amistad y el ingenio. Era un cómic que confiaba en la inteligencia del lector, ofreciendo guiones sólidos, diálogos ingeniosos y una crítica social sutil pero efectiva, oculta tras la máscara de la comedia o la aventura.

La revista también servía como un escaparate para autores de la talla de Franquin, Morris, Peyo o Walthéry, permitiendo que el público español comprendiera que el cómic era un medio de expresión artística con autores de renombre internacional, y no solo un entretenimiento desechable.

Conclusión: Un Legado Imperecedero

En resumen, *Fuera Borda* no es solo una colección de historietas; es la crónica de una era dorada. Representa el puente cultural que unió la tradición del tebeo español con la vanguardia europea. Para cualquier entusiasta del cómic, sumergirse en sus páginas hoy en día es redescubrir por qué amamos este medio: por la capacidad de viajar a otros mundos con solo pasar una hoja, por la risa inteligente y por la belleza de un trazo que parece cobrar vida propia.

Es, en definitiva, una obra coral imprescindible que encapsula la magia de la aventura clásica, manteniendo una frescura que, décadas después, sigue resultando moderna y cautivadora para lectores de todas las edades. Si buscas la esencia pura de la aventura europea destilada en papel, la respuesta siempre será *Fuera

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