Frank Cappa, la obra cumbre del autor español Manfred Sommer, representa uno de los pilares fundamentales del cómic de autor europeo de la década de los ochenta. Publicada originalmente en las páginas de la revista *Cimoc* a partir de 1981, esta serie se desmarca de la aventura tradicional para adentrarse en los terrenos del realismo sucio, el periodismo de guerra y la crítica social, consolidándose como un referente imprescindible de la denominada "línea clara" con tintes realistas en España.
El protagonista que da nombre a la serie, Frank Cappa, es un corresponsal de guerra y fotoperiodista de origen canadiense. A través de su mirada, el lector recorre los puntos más calientes de la geografía mundial durante la segunda mitad del siglo XX. Sin embargo, Cappa no es el héroe de acción arquetípico. Es un hombre cansado, a menudo cínico y profundamente desencantado, que arrastra el peso de lo que ha visto en los frentes de batalla. Su función principal no es intervenir en los conflictos, sino dar testimonio de ellos, aunque su propia humanidad le impide, en muchas ocasiones, mantenerse como un observador neutral.
La narrativa de Sommer se aleja deliberadamente del heroísmo gratuito y de la glorificación de la guerra. En las historias de Frank Cappa, el conflicto bélico no es un escenario para la aventura, sino un catalizador de la miseria humana. El autor pone el foco en las víctimas colaterales, en la absurda burocracia del horror y en la ambigüedad moral de quienes participan en la contienda. Ya sea en las selvas de Vietnam, en las guerrillas de Centroamérica o en los conflictos postcoloniales de África, el trasfondo es siempre el mismo: la futilidad de la violencia y la pérdida de la inocencia.
Desde el punto de vista gráfico, Manfred Sommer despliega un virtuosismo técnico que bebe directamente de maestros como Milton Caniff y Hugo Pratt. Su dibujo se caracteriza por un uso magistral del claroscuro y una línea precisa que otorga a las viñetas una atmósfera cinematográfica. Sommer posee una capacidad extraordinaria para retratar la psicología de los personajes a través de sus rostros; el cansancio en los ojos de Cappa o el miedo en los civiles están plasmados con una economía de medios que refuerza el impacto emocional de la obra. Los escenarios están documentados con rigor, logrando que el entorno —ya sea el calor asfixiante de la selva o la frialdad de una oficina de prensa— se convierta en un personaje más de la trama.
Estructuralmente, la serie se compone tanto de relatos cortos autoconclusivos como de álbumes de mayor extensión, como *El último africano* o *Viet-Song*. En todos ellos, el ritmo narrativo es pausado, permitiendo que la tensión crezca de forma orgánica. Sommer utiliza a menudo el recurso de la voz en off de Cappa para articular reflexiones existencialistas que conectan las diferentes historias, dotando al conjunto de una cohesión temática envidiable. El protagonista actúa como el hilo conductor de una crónica fragmentada sobre la crueldad del mundo moderno.
Frank Cappa es, en esencia, un cómic sobre la mirada. Trata sobre la dificultad de observar el horror sin corromperse y sobre la responsabilidad ética del cronista. No busca ofrecer respuestas morales sencillas ni finales redentores; al contrario, suele dejar al lector con una sensación de inquietud y reflexión. La obra de Sommer trascendió las fronteras españolas, siendo traducida a múltiples idiomas y recibiendo el reconocimiento internacional por su madurez narrativa y su compromiso con la realidad histórica.
En definitiva, este cómic es un testimonio gráfico indispensable sobre la condición humana en situaciones límite. Frank Cappa no solo es un hito del cómic de los ochenta, sino una lectura vigente que sigue interpelando al lector contemporáneo sobre el papel de la información y la persistencia de los conflictos armados en nuestra sociedad. Es una obra sobria, elegante y profundamente honesta que elevó el género de la aventura periodística a la categoría de arte mayor.