Francisco Ibañez y Ole

Hablar de la colección «Olé!» y de la figura de Francisco Ibáñez es, esencialmente, hablar de la columna vertebral del cómic de humor en España. Para cualquier experto en el noveno arte, esta serie de álbumes no es solo una recopilación de historietas; es el archivo histórico de la carcajada, el testimonio gráfico de una época y la consagración del autor más prolífico e influyente que ha dado la historieta española.

La colección «Olé!», iniciada originalmente por la mítica Editorial Bruguera en 1971 y continuada posteriormente por Ediciones B y Penguin Random House, nació con un propósito claro: democratizar el acceso a las aventuras de los personajes más populares del medio. Bajo este sello, las páginas de Francisco Ibáñez encontraron su hogar definitivo, permitiendo que generaciones enteras de lectores —desde los abuelos que compraban los tebeos en los quioscos hasta los nietos que hoy los leen en librerías— compartieran un mismo universo de caos, ingenio y bofetadas.

El Universo de Ibáñez en formato «Olé!»

El corazón de esta colección late al ritmo de Mortadelo y Filemón, los agentes de la T.I.A. (Técnicos de Investigación Aeroterráquea). A través de los números de «Olé!», asistimos a la evolución de esta pareja de detectives que personifican el fracaso más hilarante. Mortadelo, el maestro del disfraz capaz de transformarse en cualquier cosa (desde un elefante hasta un cenicero) en cuestión de segundos, y Filemón, su eterno y sufrido jefe, son el eje central de una narrativa basada en el *slapstick* o humor físico llevado al extremo.

Sin embargo, la riqueza de la colección «Ibáñez y Olé» reside en su variedad. No se limita a los agentes secretos, sino que despliega todo el abanico creativo del genio barcelonés:

1. 13, Rue del Percebe: Una de las cumbres de la narrativa gráfica. En una sola página que representa la fachada de un edificio, Ibáñez disecciona la sociedad española a través de sus inquilinos: el caco, la dueña de la pensión, el inventor loco o el sastre caradura. Cada viñeta es un micromundo de picaresca.
2. El Botones Sacarino: Un joven e ingenuo empleado de una editorial (basada en la propia Bruguera) que desata el caos absoluto en la oficina, sacando de quicio al "Dire" y al "Presi".
3. Rompetechos: El personaje favorito del propio Ibáñez. Un hombre bajito y extremadamente miope cuya incapacidad para ver la realidad tal como es genera situaciones de un surrealismo cómico inigualable.
4. Pepe Gotera y Otilio: Los "reyes de la chapuza". Una crítica mordaz a la falta de profesionalidad y al desastre laboral, donde los arreglos domésticos terminan invariablemente en explosiones o edificios derrumbados.

El estilo: El horror vacui de la risa

Lo que define la experiencia de leer un cómic de Ibáñez en la colección «Olé!» es su densidad visual. Ibáñez es el maestro del detalle. Mientras los protagonistas desarrollan la trama principal en el centro de la viñeta, en las esquinas y fondos suceden historias paralelas: un ratón persiguiendo a un gato con un mazo, una araña fumando un puro o una berenjena con patas. Este estilo, conocido como *horror vacui* (miedo al vacío), obliga al lector a revisar cada página varias veces, descubriendo nuevos chistes en cada lectura.

El lenguaje de Ibáñez es otro de sus grandes pilares. Sus guiones están repletos de una verborrea única, con insultos creativos y arcaicos ("¡merluzo!", "¡ceporro!", "¡tuercebotas!") y una estructura de gags que funciona como un mecanismo de relojería suiza. La acción es frenética; el ritmo no da tregua al lector, encadenando caídas, explosiones y persecuciones que desafían las leyes de la física.

Un espejo de la realidad

A pesar de su carácter humorístico y a menudo absurdo, la colección «Olé!» de Ibáñez ha servido como una crónica satírica de la actualidad. A lo largo de las décadas, Mortadelo y Filemón han viajado a todos los Mundiales de Fútbol y Juegos Olímpicos, han lidiado con la llegada del euro, han parodiado el cine de espías y han interactuado con caricaturas de políticos y celebridades del momento. Ibáñez tuvo la capacidad de transformar la realidad social y política en un escenario de farsa donde nadie quedaba libre de la crítica, siempre desde una óptica blanca y universal.

Conclusión

La colección «Francisco Ibáñez y Olé» es, en definitiva, una pieza fundamental de la cultura popular. No es solo un conjunto de libros de humor; es una lección de narrativa visual, un ejercicio de resistencia creativa (Ibáñez dibujaba a un ritmo sobrehumano) y, sobre todo, un refugio de optimismo. Para el experto, estos álbumes representan la perfección de la escuela Bruguera y la consolidación de un autor que logró algo casi imposible: poner de acuerdo a todo un país a través de la risa. Leer un «Olé!» es sumergirse en un mundo donde el desastre es inevitable, pero donde siempre, tras el humo de la explosión, hay una viñeta esperando para hacernos soltar una carcajada. Es una obra imprescindible que no conoce fronteras generacionales.

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