Fog, la obra maestra escrita por Roger Seiter y dibujada por Cyril Bonin, se erige como uno de los pilares contemporáneos del cómic europeo de género detectivesco y de suspense. Publicada originalmente por la editorial Casterman, esta serie logra capturar la esencia del Londres victoriano de finales del siglo XIX, no solo como un escenario histórico, sino como un personaje vivo, opresivo y cargado de simbolismo. La narrativa se aleja de los tropos más coloridos de la época para sumergirse en una atmósfera de claroscuros donde la línea entre la razón y lo sobrenatural se vuelve tan difusa como la niebla que da título a la obra.
La trama se sitúa en 1874. Londres es una metrópolis en plena expansión, pero también un laberinto de desigualdades sociales y sombras persistentes. La historia arranca con una serie de crímenes brutales e inexplicables que sacuden los cimientos de la sociedad británica. Estos asesinatos, que parecen desafiar la lógica policial de la época, obligan a la intervención de una pareja de investigadores con métodos y perspectivas contrastadas: el inspector Molton, un hombre de Scotland Yard pragmático, curtido en la realidad de las calles y fiel al procedimiento, y Sir Andrew, un aristócrata intelectual, curioso y con una inclinación hacia lo arcano y lo inusual.
El guion de Roger Seiter es un ejercicio de precisión narrativa. A diferencia de otros relatos de misterio que buscan el impacto inmediato, *Fog* construye su tensión de manera gradual. Seiter utiliza el contexto sociopolítico de la era victoriana —el miedo al anarquismo, el auge del espiritismo y la rigidez de las clases sociales— para tejer una red de sospechas que envuelve tanto a los bajos fondos del East End como a los salones de la alta nobleza. La estructura de la obra se divide en ciclos narrativos que, aunque presentan casos aparentemente independientes, mantienen una cohesión temática y una evolución constante de los personajes principales.
El apartado visual de Cyril Bonin es, sin lugar a dudas, el elemento que eleva a *Fog* a la categoría de culto. Bonin huye del realismo fotográfico para adoptar un estilo de trazo suelto, casi etéreo, que refuerza la sensación de irrealidad y misterio. Su dominio de la composición y el uso de una paleta de colores dominada por tonos ocres, grises y sepias, logra transmitir la humedad y el frío de las calles londinenses. La arquitectura de la ciudad, desde los muelles del Támesis hasta las mansiones señoriales, está representada con una melancolía visual que sumerge al lector en una experiencia inmersiva. La niebla no es solo un fenómeno meteorológico en estas páginas; es un recurso gráfico que oculta pistas, difumina rostros y genera una paranoia constante.
Uno de los mayores aciertos de la obra es el tratamiento de sus protagonistas. La dinámica entre Molton y Sir Andrew evita caer en el cliché del "Sherlock y Watson" tradicional. Existe entre ellos una tensión profesional y una admiración mutua que evoluciona a medida que los casos se vuelven más personales y peligrosos. A través de sus ojos, el lector explora una ciudad que está dejando atrás la superstición para abrazar la ciencia forense, pero que aún se estremece ante lo que acecha en los callejones sin iluminación.
*Fog* no es solo un cómic sobre la resolución de crímenes; es una exploración de la psique humana y de los secretos que una sociedad decide enterrar bajo su fachada de respetabilidad. La obra maneja con maestría el suspense, dosificando la información para que el lector participe activamente en la deducción, sin revelar sus cartas hasta el momento preciso. Es una lectura esencial para los amantes del *thriller* histórico, el género *noir* y la narrativa gótica, consolidándose como una pieza fundamental para entender la evolución de la *bande dessinée* de misterio en las últimas décadas. En definitiva, es un viaje a un Londres donde cada sombra tiene una historia y cada ráfaga de niebla puede ocultar una verdad insoportable.